Jubilarse antes de los 40: medida del éxito «millennial»

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«Me podría jubilar hoy mismo», dice Philip, un neoyorquino de 38 años. Lo cuenta a ABC en un día horrible de otoño, sacudido por el viento y la lluvia, una de esas ocasiones en las que apetece estar en la oficina. Si Philip no ha dado ese paso, es porque es feliz en la suya: es un alto cargo de uno de los principales museos del mundo y disfruta su trabajo. Pero desde que ganó su primer dólar, tiene un plan para jubilarse joven. Hace una década, tenía una hoja de Excel con el recorrido exacto –porcentaje de ahorro, inversiones, perspectivas de ingreso– para soltar la lapicera a los 50 años.

No se lo puede permitir porque venga de una familia de dinero. Es el producto de una clase media que ha sabido utilizar los resortes de la meritocracia para ascender: becado en Harvard, explotado seis años en Wall Street –a cambio de mucho dinero y mucho conocimiento financiero– y realizado después en un trabajo que se alinea con sus intereses. Maneja varios escenarios en su vida. No descarta la jubilación ahora mismo, antes de cumplir los 40, si lo necesita. «Viviría con 50.000 dólares al año y sería completamente feliz», dice Philip. «Y no es mucho dinero, pero es más que el sueldo medio de un estadounidense». Está en esa situación por una elección vital: ahorrar desde el principio, nutrir su plan de pensiones, invertir bien –acaba de comprar su segunda casa, impulsado por un mercado inmobiliario en alza– y, sobre todo, gastar poco. Viaja mucho pero con modestia, siempre ha compartido su hogar con compañeros de piso y no le interesan los lujos.

Ahorrar el 70% de los ingresos

Philip forma parte de una tendencia cada vez más instalada entre los «millennials»: la jubilación temprana. Una opción que es una simple consecuencia de querer una vida diferente: trabajar menos y vivir más. Se conoce como FIRE («financial independence, early retirement» o «independencia financiera, jubilación temprana») y cada vez tiene más seguidores. Algunos siguen caminos radicales, como Sylvia Hall, una abogada de Seattle, también de 38 años, que pretende retirarse a los 40. Contó su caso a «The Wall Street Journal» y sus sacrificios: ahorrar el 70% de sus ingresos para tener un patrimonio de dos millones de dólares cuando llegue a esa edad. A pesar de tener un buen trabajo, compra plátanos pasados –de oferta–, camina al trabajo y le roba la conexión a Netflix a los amigos.

En el caso de Carl Jensen, contado por «The New York Times», se dio cuenta en 2012 que su buen sueldo -110.000 dólares al año- en un trabajo estresante no le daba la felicidad. Se propuso ahorrar 1,2 millones de dólares en cinco años y se retiró a los 43 años. Vendió su casa y vive de forma muy modesta con su familia con 40.000 dólares al año, muy por debajo de lo que podría ganar si hubiera continuado con su carrera. Pero es dueño de su tiempo y de su vida.

La religión FIRE ha calado con fuerza entre las nuevas generaciones que prefieren la experiencia al consumo y donde la libertad y el tiempo personal son considerados como una medida de éxito social. Incluso han tenido consecuencias impensables: hay «millennials» que se jubilan antes que sus padres.

Fuente ABC