Más de 114 muertos en nuevos ataques en Sudán

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Los enfrentamientos entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) dejaron al menos 114 muertos en dos localidades de Darfur durante la última semana, según fuentes médicas citadas por AFP el 4 de enero. El país vive una guerra desde abril de 2023, cuando los paramilitares iniciaron una ofensiva que los llevó a tomar el último reducto del ejército en Darfur en octubre.

El 3 de enero, un ataque con drones atribuido al ejército contra la localidad de Al-Zuruq, en el norte de Darfur, causó 51 muertos y alcanzó un mercado y zonas civiles. Entre las víctimas se encontraban dos familiares del comandante de las FAR, Mohamed Hamdan Daglo. Un día después, combatientes paramilitares mataron a 63 personas en Kernoi y sus alrededores, en dirección a la frontera con Chad. Fuentes locales reportaron además 57 heridos y 17 desaparecidos.

Una “guerra de atrocidades”

Tanto el ejército como las FAR han sido acusados de atacar zonas civiles, en lo que la ONU calificó como una “guerra de atrocidades”. La región de Darfur, prácticamente inaccesible para periodistas y con un apagón de comunicaciones, depende de voluntarios y médicos locales que utilizan internet satelital para difundir información.

La violencia ha provocado el desplazamiento de más de 7.000 personas en dos días desde Kernoi y Um Baru, muchas de ellas pertenecientes al grupo zaghawa, blanco de las FAR. Desde mediados de diciembre, unas 11.000 personas han huido de los estados de Kordofán del Norte y del Sur, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Hambruna y ofensivas militares

Los ataques con drones contra El-Obeid, capital de Kordofán del Norte, dejaron sin electricidad a la ciudad tras incendiar su central eléctrica. Las FAR, tras su victoria en Al-Fashir, buscan controlar el corredor central de Sudán, mientras el ejército y las Fuerzas Conjuntas intentan recuperar localidades estratégicas.

La guerra ha dejado decenas de miles de muertos y más de 11 millones de desplazados internos y externos, muchos de ellos refugiados en zonas con escasez de alimentos, medicamentos y agua potable.