El estatus estratégico de Groenlandia genera tensiones entre Washington y Europa

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Foto: France 24

La Casa Blanca ha confirmado que la adquisición de Groenlandia se ha convertido en una «prioridad de seguridad nacional», informando que el Gobierno de los Estados Unidos evalúa diversas opciones para tomar el control del territorio. Según fuentes oficiales, la administración no descarta ninguna vía para alcanzar este objetivo de política exterior, situando la importancia estratégica de la isla en el centro de su agenda actual.

El interés estadounidense radica en la ubicación geográfica privilegiada de Groenlandia y su abundancia de minerales críticos, esenciales para la industria de alta tecnología. Washington sostiene que el control de la región es vital para la seguridad del hemisferio occidental, apelando a una reactivación de doctrinas de influencia regional del siglo XIX.

Respuesta unificada de los aliados europeos

La postura de EE. UU. ha provocado una reacción inmediata en Europa. Los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Dinamarca emitieron un comunicado conjunto subrayando que la soberanía y la integridad territorial son principios inviolables. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que cualquier acción unilateral contra el territorio semiautónomo pondría en riesgo la estabilidad de la OTAN.

Por su parte, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, ha hecho un llamado al «diálogo respetuoso», recordando que el estatus de la isla está blindado por el derecho internacional.

Resistencia local en el Ártico

A pesar de contar con un gobierno autónomo desde 1979, la defensa de Groenlandia sigue dependiendo de Dinamarca. Las reacciones entre la población local, de unos 57.000 habitantes, reflejan una oposición mayoritaria a la integración con Estados Unidos. Líderes de opinión inuit han manifestado su preocupación ante lo que consideran una retórica de apropiación territorial, reafirmando que el nombre del territorio, Kalaallit Nunaat, significa «la tierra del pueblo groenlandés».

Mientras los asesores de Washington restan importancia a una posible resistencia internacional, la comunidad europea insiste en que la seguridad del Ártico debe gestionarse de manera colectiva y bajo los principios de la Carta de la ONU.