COVID-19
Inicio Salud ¿Dormir una siesta realmente influye en el cerebro? La ciencia dice que...

¿Dormir una siesta realmente influye en el cerebro? La ciencia dice que sí

98
Foto: Sognare

Dormir una breve siesta no solo ayuda a combatir el cansancio, sino que también tiene un impacto directo en el funcionamiento del cerebro. Así lo confirma un nuevo estudio realizado por instituciones científicas de Suiza y Alemania, que demuestra que incluso periodos cortos de sueño durante el día pueden mejorar la capacidad de aprendizaje y la memoria.

La investigación, publicada este jueves en la revista especializada NeuroImage, fue desarrollada por expertos del Centro Médico de la Universidad de Friburgo, los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG) y la Universidad de Ginebra (UNIGE). Sus resultados indican que una siesta es suficiente para reorganizar las conexiones entre las neuronas, permitiendo que el cerebro procese y almacene nueva información de manera más eficiente.

Según explicó Christoph Nissen, director del estudio y responsable del Centro de Medicina del Sueño de los HUG, el cerebro se encuentra en constante actividad a lo largo del día, reforzando las conexiones sinápticas a medida que recibe estímulos, pensamientos y aprendizajes. Sin embargo, esta intensa actividad provoca una saturación que reduce progresivamente la capacidad de seguir aprendiendo. El sueño, incluso en forma de una breve siesta, cumple la función de regular ese exceso sin eliminar la información ya adquirida.

“El sueño actúa como un reinicio del sistema”, señaló Nissen, al destacar que una siesta vespertina puede “liberar espacio” en el cerebro para la formación de nuevos recuerdos y mejorar la capacidad de codificar información.

El estudio analizó a 20 adultos jóvenes que participaron en dos sesiones distintas: en una tomaron una siesta de aproximadamente 45 minutos y en la otra permanecieron despiertos. En ambos casos, los investigadores evaluaron su actividad cerebral mediante técnicas no invasivas como la estimulación magnética transcraneal y el electroencefalograma.

Los resultados mostraron que, tras la siesta, la fuerza global de las conexiones sinápticas disminuía, lo que se interpreta como un efecto reparador del sueño. Al mismo tiempo, aumentaba de forma significativa la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones, un factor clave para el aprendizaje.

Estos hallazgos aportan una base biológica a la sensación de mayor claridad mental y mejor rendimiento que muchas personas experimentan después de dormir una siesta. El beneficio resulta especialmente relevante en actividades que exigen un alto nivel de concentración y desempeño, como la música, el deporte o profesiones vinculadas a la seguridad.

En palabras de Nissen, una siesta por la tarde puede ser una herramienta eficaz para sostener el rendimiento mental y cognitivo en contextos de alta exigencia.

Con información de El Nuevo Herald