Lo ocurrido la noche de este domingo en el Levi’s Stadium de Santa Clara trascendió la mera naturaleza del espectáculo de masas para convertirse en un ejercicio de soberanía simbólica. Bajo el fulgor de una producción técnica impecable, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido globalmente como Bad Bunny, orquestó una puesta en escena que operó como un caballo de Troya cultural: utilizó el escaparate más hipercapitalista y anglocéntrico del planeta para articular una crítica punzante al estatus quo geopolítico y a la deuda histórica de Estados Unidos con el Caribe.
Por: Vanessa Rodríguez Lupo// MiamiNews24
La narrativa no se construyó a través de consignas panfletarias, sino mediante una semiótica visual de una sofisticación inusual para este evento. Al evocar las sombras de la crisis energética de Puerto Rico —representada magistralmente en una escenografía de infraestructuras colapsadas—, el artista transformó el concepto de «entretenimiento» en una denuncia activa sobre la precariedad impuesta. Esta elección estética no fue gratuita; funcionó como un recordatorio persistente de que, mientras la audiencia celebraba la opulencia de la NFL, una parte de la ciudadanía estadounidense en la periferia caribeña continúa lidiando con la desidia institucional.
Consecuentemente, el despliegue de Bad Bunny se sintió como una interpelación directa a las políticas migratorias vigentes. Sin necesidad de recurrir a la traducción, su insistencia en el español no fue solo una preferencia lingüística, sino un acto de resistencia gramatical que obligó al espectador promedio a procesar una realidad ajena en sus propios términos. La inclusión de referencias sutiles, pero ineludibles, a la situación de las detenciones fronterizas y la reafirmación de una identidad americana hemisférica —desafiando el excepcionalismo de la bandera de barras y estrellas— generó una tensión dialéctica que se sintió en cada rincón del estadio.
El escenario como territorio en disputa
Desde los primeros segundos, quedó claro que Benito no venía a asimilarse. Mientras las pantallas mostraban campos de caña de azúcar —una referencia directa a la historia de colonización y explotación de Puerto Rico—, el artista apareció con un jersey marcado con el número 64. Para los analistas, no fue una elección al azar: es un recordatorio persistente de la cifra oficial inicial de muertos tras el huracán María, una herida abierta que Bad Bunny ha usado repetidamente para denunciar el abandono gubernamental (Time, 2026).
El mensaje visual fue contundente: bailarines colgados de cables de alta tensión durante la interpretación de «El Apagón». No era solo una coreografía; era una crítica feroz a LUMA Energy y al colapso del sistema eléctrico en la isla, un problema que el artista ha calificado como una violación a los derechos humanos.
«ICE Out»: El fantasma que recorrió el estadio
La tensión política venía precedida por las declaraciones de Benito en los Grammy una semana antes, donde lanzó un tajante «ICE Out» (fuera el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Aunque en el Super Bowl no repitió la frase explícitamente, la simbología fue su lenguaje. Al subir al escenario a niños que recordaban la imagen de Liam Conejo Ramos —el pequeño de 5 años detenido recientemente en Minnesota—, el artista convirtió el escenario más comercial del mundo en una plataforma de visibilidad para la crisis migratoria (The Guardian, 2026).
La redefinición de «América»
El momento cumbre llegó al final. Tras un desfile de banderas latinoamericanas, Bad Bunny levantó un balón con la inscripción: «Together, We Are America» (Juntos, somos América). «Dios bendiga a América», dijo en inglés, para inmediatamente después recitar una lista que incluía a Chile, Argentina, México y Puerto Rico.
Fue un acto de reverso cultural: en lugar de adaptar su mensaje al inglés para ser aceptado, obligó a la audiencia anglosajona a ver el continente como una unidad hemisférica, no como una propiedad exclusiva de los Estados Unidos. Como señaló la revista Time, Bad Bunny logró que una estrella pop blanca (Lady Gaga) se adaptara a un ritmo de salsa, y no al revés.

