El sureste de Brasil enfrenta una de las peores crisis climáticas de los últimos años tras intensas lluvias que han provocado inundaciones, deslizamientos de tierra y cortes masivos de servicios. Autoridades locales confirmaron que al menos 20 personas han perdido la vida y decenas permanecen desaparecidas, mientras cientos de familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Las ciudades más afectadas, especialmente en el estado de Minas Gerais, han quedado parcialmente aisladas debido al desbordamiento del río Paraibuna y la interrupción de carreteras y puentes.
Equipos de rescate trabajan sin descanso en zonas donde las viviendas quedaron anegadas o completamente destruidas. En Juiz de Fora, una de las localidades más golpeadas, se reportaron 16 fallecimientos y numerosos desaparecidos. En Ubá, otras cuatro personas perdieron la vida y se continúa la búsqueda de quienes no han sido localizados. La situación ha llevado a las autoridades a declarar el estado de calamidad pública, movilizando recursos de emergencia, albergues temporales y asistencia humanitaria para los damnificados.
Las lluvias de este febrero han superado los niveles históricos, duplicando en algunos puntos los registros habituales para el mes y generando un impacto devastador sobre barrios vulnerables, donde los deslizamientos han destruido calles y viviendas. La emergencia ha obligado a suspender clases y servicios municipales, mientras las familias afectadas enfrentan la falta de agua potable, alimentos y atención médica.
Bomberos y cuerpos de emergencia continúan con las operaciones de rescate, enfrentando dificultades debido a la persistencia de las lluvias y la inestabilidad del terreno. La prioridad sigue siendo localizar a los desaparecidos y trasladar a las personas en riesgo a refugios seguros, mientras se coordinan esfuerzos entre agencias estatales y organizaciones de socorro para atender a los desplazados.
Las autoridades han hecho un llamado a la población para extremar precauciones, evitar zonas de riesgo y colaborar con los equipos de emergencia. La devastación deja en evidencia la vulnerabilidad de la región ante fenómenos extremos y plantea desafíos urgentes para la recuperación y reconstrucción de comunidades enteras que hoy enfrentan pérdidas irreparables.

