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El despertar del gigante: Alemania acelera su rearme ante la amenaza rusa

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El general Carsten Breuer, comandante de las Fuerzas Armadas de Alemania, tiene una fecha grabada en su calendario estratégico: 2029. Para ese año, según los informes de inteligencia militar, Rusia habrá duplicado su capacidad bélica respecto a los niveles previos a la invasión de Ucrania, otorgándole el poderío suficiente para lanzar un ataque directo contra territorio de la OTAN. Ante este escenario, el «soldado más poderoso de Europa» lidera hoy una expansión militar sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

«Nunca he experimentado una situación más peligrosa y urgente como la de hoy», afirmó Breuer desde una base militar en Münster. La meta es clara: transformar al ejército alemán (Bundeswehr) en la fuerza de combate más letal del continente. Para lograrlo, el canciller Friedrich Merz ha impulsado una inversión que escalará de los 109.000 millones de dólares en 2025 a los 185.000 millones de dólares para 2029, lo que representa un histórico 5% del PIB nacional destinado a la defensa.

El fin de la dependencia estadounidense

Esta «revolución cultural» en la mentalidad alemana no solo responde a la agresividad del Kremlin. El distanciamiento de Washington bajo el segundo mandato de Donald Trump ha sido el catalizador definitivo. Las críticas del vicepresidente JD Vance y las filtraciones del secretario de Defensa, Pete Hegseth —quien calificó de «patéticos» a los aliados europeos—, han convencido a Berlín de que la «independencia operacional» ya no es una opción, sino una necesidad de supervivencia.

Alemania busca ahora reducir su dependencia de la industria armamentística de EE. UU., priorizando la fabricación nacional de drones, sistemas de vigilancia espacial y misiles de precisión profunda. «Comprar alemán donde sea posible» se ha convertido en la política silenciosa de un país que, hasta hace poco, se sentía cómodo dejando su seguridad en manos de la Alianza Transatlántica.

De invasor a aliado indispensable

El rearme alemán, que en el siglo XX habría sembrado el pánico entre sus vecinos, es hoy recibido con alivio en las capitales europeas. En Lituania, Alemania mantiene ahora una presencia militar permanente con la Panzerbrigade 45, la primera vez que tropas germanas se acantonan fuera de sus fronteras desde la ocupación nazi, pero esta vez como defensores bienvenidos frente a la frontera bielorrusa.

Incluso en Polonia, país históricamente receloso del militarismo alemán, la percepción ha dado un giro de 180 grados. «Le temo menos al poder alemán que a su inactividad», resuenan las palabras de la diplomacia polaca, reconociendo a Alemania como la «nación indispensable» para sostener el muro de contención de la Gran Llanura Europea.

El reto del reclutamiento

A pesar del flujo de capital, el general Breuer enfrenta el desafío humano. Con 182.000 efectivos actuales, el plan contempla sumar 20.000 soldados este año y llegar a una fuerza profesional de 240.000 en una década, apoyada por una reserva de 200.000 hombres. Aunque las solicitudes de ingreso han aumentado un 20% en lo que va de 2026, el debate sobre el regreso a la conscripción (servicio militar obligatorio) sigue sobre la mesa como la única vía para garantizar que el nuevo arsenal alemán tenga suficientes manos para operarlo.

Ocho décadas después de que la OTAN se fundara con el objetivo de «mantener a los alemanes abajo», el mapa de poder ha cambiado. Alemania está de vuelta, rearmada y posicionada como el nuevo guardián del orden europeo en un mundo que parece alejarse de las reglas de la posguerra.