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Asesino serial de Gilgo Beach confiesa ocho crímenes para evitar el juicio y morir en prisión

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En un giro determinante que pone fin a uno de los misterios criminales más mediáticos de Nueva York, Rex Heuermann, el arquitecto de Manhattan arrestado en 2023, se declaró culpable este miércoles de haber asesinado a ocho mujeres a lo largo de casi dos décadas. El hombre de 62 años, quien hasta ahora había mantenido su inocencia, aceptó su responsabilidad en los siete cargos de asesinato que se le imputaban originalmente y confesó una octava muerte adicional. A cambio de esta admisión, Heuermann evitará un juicio público que prometía ser exhaustivo, aceptando en su lugar una condena de tres cadenas perpetuas consecutivas que garantizan que pasará el resto de sus días tras las rejas.

Ante una sala de tribunal colmada por investigadores y familiares de las víctimas, Heuermann admitió con respuestas sucintas haber utilizado teléfonos desechables para contactar a las jóvenes —quienes en su mayoría se dedicaban al trabajo sexual— para luego estrangularlas y deshacerse de sus restos en la zona costera de Long Island. Entre sus víctimas confirmadas se encuentran Melissa Barthelemy, Megan Waterman, Amber Lynn Costello, Maureen Brainard-Barnes, Jessica Taylor, Sandra Costilla y Valerie Mack, asesinadas entre 1993 y 2010. Como parte del acuerdo con la fiscalía del condado de Suffolk, Heuermann también asumió la autoría del crimen de Karen Vergata, desaparecida en 1996, cuyos restos fueron identificados años después en playas cercanas a Gilgo Beach.

El cierre de una herida abierta desde 2010

El caso de Gilgo Beach salió a la luz de manera accidental en 2010, cuando la búsqueda de una mujer desaparecida llevó al hallazgo de una decena de cadáveres ocultos en la maleza costera. Durante trece años, el asesino permaneció oculto bajo la fachada de un exitoso profesional en Manhattan, hasta que pruebas de ADN lo vincularon directamente con la evidencia. Durante la audiencia, su exesposa, Asa Ellerup, y su hija Victoria estuvieron presentes para ofrecer condolencias a los familiares de las víctimas, reiterando su propia conmoción ante los hechos. Como parte de su condena, Heuermann está obligado a colaborar con el FBI, lo que podría arrojar luz sobre otros casos sin resolver en la región y cerrar definitivamente uno de los capítulos más oscuros en la historia criminal de Long Island.