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Periodismo en Venezuela: Ejercer entre sombras, cautelares y resistencia

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En la Venezuela actual, ejercer el periodismo continúa siendo una tarea marcada por la incertidumbre, la presión y un clima de hostilidad que se ha prolongado por décadas. Así lo describen tanto representantes gremiales como reporteros en ejercicio, quienes coinciden en que el país atraviesa uno de los momentos más complejos para la libertad de expresión desde el retorno a la democracia.

Por: Vanessa C. Rodríguez L / MiamiNews24

Delvalle Canelón, secretaria general del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), lo resume con una mezcla de orgullo y preocupación. Para ella, los reconocimientos que reciben los gremios no son premios individuales, sino símbolos de la valentía colectiva de quienes han sostenido el oficio en medio de la censura, los atropellos y los cierres de medios.

“Es un reconocimiento a todos los periodistas venezolanos que han enfrentado amenazas, cárcel y medidas cautelares simplemente por informar”, afirma. Subraya que “la libertad de expresión es un derecho ciudadano, está en la Constitución y en los tratados internacionales”.

Del mismo modo, Canelón insiste en que el país sigue atravesando “el momento más oscuro del periodismo”, con más de cuarenta trabajadores de la prensa sometidos a medidas cautelares en los últimos años. Aunque reconoce que existe “una pequeñita rendija” que permite cierto diálogo institucional, advierte que la censura, el miedo y las amenazas continúan presentes. “Nada de eso ha cambiado”, recalca, y por ello el compromiso del CNP —dice— sigue siendo acompañar, denunciar y defender el ejercicio libre del periodismo.

La dirigente gremial explica que tanto el Colegio como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa han sostenido reuniones con autoridades gubernamentales en el marco de programas de convivencia democrática. Allí han planteado la necesidad de levantar las medidas judiciales que aún pesan sobre ocho periodistas en el país. Aunque ha habido avances, reconoce que el proceso es lento y fragmentado, “como ocurre con los presos políticos”. Aun así, asegura que la resistencia y el acompañamiento continúan, no solo hacia los reporteros afectados, sino también hacia sus familias, que viven bajo el peso constante de la incertidumbre. “Una medida cautelar es una espada de Damocles”, afirma.

Desde su perspectiva, para revertir este escenario hace falta “mucha más voluntad política”. Recuerda que más de mil personas han sido detenidas por pensar distinto y que decenas de periodistas han enfrentado cárcel o restricciones judiciales. En ese contexto, organizaciones como Espacio Público y otras agrupadas en la Alianza por la Libertad han impulsado un decálogo con diez puntos para recuperar la libertad de expresión y reconstruir las instituciones democráticas. Su aplicación, sostiene, sería un paso indispensable para comenzar a revertir la crisis.

El miedo cotidiano: la mirada desde la calle

En la acera del reporterismo diario, la realidad se siente más cruda y menos institucional. Una periodista que prefiere resguardar su identidad dibuja un panorama donde el miedo ha dejado de ser una reacción para convertirse en un hábito. Para ella, la gestión emocional del riesgo se ha convertido en parte del trabajo.

“No es algo que se maneje, es algo que se vive”, explica. Asegura que los ataques y agresiones no son nuevos: 2014, 2017, 2018… cada año ha traído su propio capítulo de tensión. “Uno tiene miedo de salir a cubrir una protesta, de hacer ciertos trabajos, pero también tiene miedo sin hacer nada, porque igual te pueden detener”, relata. Conoce colegas que han sido arrestados sin estar siquiera en una cobertura.

La reportera también cuenta que ahora es habitual compartir la ubicación en tiempo real con editores o personas de confianza, evitar trabajar sola y desplazarse siempre en grupo. “El tubazo en Venezuela se acabó”, dice con ironía amarga, aludiendo a la vieja práctica de llegar primero a un hecho noticioso. Hoy, la prioridad es minimizar riesgos: moverse acompañados, mantenerse visibles, reducir la exposición. “Nos hemos acostumbrado a vivir en una especie de burbuja de protección”.

Un oficio que persiste

A pesar de las restricciones, los procesos judiciales, el miedo y la presión, tanto los gremios como los periodistas coinciden en algo: el oficio persiste. Persiste por necesidad, por vocación y porque la ciudadanía —afirman— tiene derecho a recibir información veraz y oportuna.

En un país donde la libertad de expresión continúa siendo un terreno frágil, el periodismo venezolano sigue ejerciéndose entre sombras, cautelares y resistencia. Y, aunque la rendija sea pequeña, quienes lo practican insisten en mantenerla abierta.