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Trump llega a China con una comitiva de gigantes tecnológicos y la guerra con Irán como telón de fondo

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterriza este miércoles en Beijing para iniciar una visita de Estado que promete redefinir la relación entre las dos potencias más grandes del planeta. Tras casi una década desde su última visita en 2017, el mandatario republicano se prepara para una «larga conversación» con su homólogo chino, Xi Jinping, en medio de un escenario global convulso marcado por la guerra en Medio Oriente, el bloqueo energético y la rivalidad por el control de la Inteligencia Artificial.

A diferencia de otras giras diplomáticas, Trump ha viajado acompañado por una delegación de los ejecutivos más influyentes de Silicon Valley y la industria estadounidense, enviando una señal clara sobre sus prioridades: la apertura de los mercados chinos. Entre los pasajeros del Air Force One se encuentran:

  • Elon Musk (Tesla): Clave para el sector de vehículos eléctricos y satélites.
  • Tim Cook (Apple): En medio de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales.
  • Jensen Huang (Nvidia): Cuya presencia subraya la importancia crítica de los chips de IA en la negociación comercial.
  • Kelly Ortberg (Boeing): Buscando reactivar las ventas de aeronaves en el mercado asiático.

En sus redes sociales, Trump fue directo sobre su intención: «Le pediré al presidente Xi que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia».

Irán y Taiwán: Los puntos de fricción

Aunque Trump ha intentado relativizar la necesidad de asistencia china en el conflicto con Teherán —iniciado el pasado 28 de febrero junto a Israel—, la sombra de la guerra y el cierre del Estrecho de Ormuz dominan la agenda estratégica. China, dependiente del petróleo del Golfo, ha pedido a través de su canciller, Wang Yi, que se intensifiquen los esfuerzos de mediación mediante Pakistán.

En cuanto a Taiwán, Trump confirmó que abordará directamente la venta de armas estadounidenses a la isla. Pese a la tensión, el presidente confía en su «buena relación personal» con Xi para evitar una escalada militar: «Él sabe que no quiero que eso ocurra», declaró antes de su llegada.

Una cumbre marcada por la debilidad interna

El encuentro se produce en un momento de vulnerabilidad para ambos líderes:

  1. Trump: Enfrenta una inflación creciente en EE. UU. y una caída en su popularidad, ambas alimentadas por el costo del combustible tras el conflicto iraní.
  2. Xi Jinping: Lidia con un consumo interno debilitado y una persistente crisis inmobiliaria que amenaza el crecimiento del gigante asiático.

Con una tregua arancelaria vigente desde octubre y nuevas negociaciones ya iniciadas en Seúl como antesala, los ojos del mundo están puestos en Beijing. De esta cumbre no solo depende el flujo de tierras raras y semiconductores, sino también la estabilidad del suministro energético mundial y el futuro de la autonomía de Taiwán.