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EE.UU. destruye 90 objetivos estratégicos en Irán y neutraliza sus defensas costeras

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El Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) completó una masiva y letal ronda de ataques aéreos en territorio de Irán, alcanzando 90 objetivos militares estratégicos. La operación de castigo, ejecutada con municiones de precisión, se produce inmediatamente después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, declarara oficialmente roto el alto el fuego con Teherán durante la cumbre de la OTAN en Ankara.

Este nuevo despliegue eleva la tensión a niveles críticos en el Medio Oriente, concentrándose en neutralizar de forma directa las capacidades del régimen persa para bloquear o agredir el tránsito marítimo comercial en el estratégico estrecho de Ormuz, un corredor vital por el que fluye el petróleo global.

Desmantelamiento de infraestructura costera y logística

De acuerdo con el informe oficial emitido por el comando estadounidense, las incursiones aéreas y navales del miércoles destruyeron posiciones clave de las fuerzas armadas iraníes y del Cuerpo de la la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) distribuidas a lo largo del litoral:

  • Sistemas de defensa y vigilancia: Se desmantelaron baterías de defensa antiaérea e instalaciones de radar y vigilancia costera.
  • Arsenales de ataque: Fueron destruidos múltiples depósitos de misiles antibuque y almacenes de drones kamikazes.
  • Logística naval: El ataque neutralizó capacidades operativas de la marina iraní e infraestructuras de suministro portuario.

Esta oleada sucede a la ofensiva de la noche anterior (7 de julio), en la que el CENTCOM ya había pulverizado otros 80 objetivos, incluyendo más de 60 pequeñas embarcaciones rápidas utilizadas por la Guardia Revolucionaria para hostigar buques mercantes.

Ciudades portuarias bajo fuego y represalias en el Golfo

La ofensiva estadounidense provocó fuertes explosiones y apagones en las principales ciudades portuarias del sur de Irán, como Bandar Abbas, Konarak y Chabahar. Agencias oficiales como IRNA confirmaron que los proyectiles occidentales alcanzaron una base militar en la ciudad costera de Bushehr —sede de la única central nuclear civil del país— y destruyeron un puente ferroviario clave en el noreste profundo de Irán.

Como contraofensiva, las alarmas de ataque aéreo se activaron en Manama, capital de Bahréin, debido a las represalias con cohetes de las milicias proiraníes. Por su parte, las autoridades de Kuwait informaron que sus sistemas de defensa aérea lograron interceptar con éxito una oleada de misiles y drones iraníes dirigidos contra sus fronteras durante la madrugada.

“¡Si vuelve a suceder, será mucho peor!”, advirtió Donald Trump a través de sus canales oficiales, revelando además que emisarios de Teherán intentaron comunicarse de urgencia en las últimas horas mostrando «muchísimas ganas de llegar a un acuerdo», una vía que Washington mantiene congelada temporalmente bajo la premisa de «máxima vigilancia».

El estrecho de Ormuz como moneda de cambio e intentos diplomáticos

En el plano político de Teherán, la postura del régimen se ha radicalizado. El jefe del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó una advertencia directa a la coalición internacional afirmando que el estrecho de Ormuz «solo se abrirá bajo acuerdos y condiciones de Irán». Desde el estallido de la guerra formal el pasado 28 de febrero —fecha en la que falleció el exlíder supremo Ali Khamenei tras los primeros ataques conjuntos de EE. UU. e Israel—, el gobierno persa ha intentado imponer el cobro de tasas aduaneras ilegales a los buques comerciales que navegan por el corredor.

Ante el peligro inminente de una guerra abierta regional, el secretario general de la ONU, António Guterres, emitió un enérgico llamado internacional a la moderación absoluta. Esta postura negociadora es respaldada activamente por el gobierno de Pakistán y por la diplomacia de Qatar, cuyo primer ministro mantiene contactos telefónicos directos con el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, intentando reconstruir un canal de diálogo de emergencia antes de que el intercambio de fuego resulte irreversible.