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Cristianos progresistas en el sur de Florida se organizan frente al avance del nacionalismo de extrema derecha

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Un movimiento creciente de voces religiosas progresistas en el sur de Florida y otras regiones de Estados Unidos ha comenzado a desafiar la apropiación de los valores cristianos por parte de la extrema derecha conservadora, denunciando que el denominado «nacionalismo cristiano» busca alterar las instituciones democráticas para imponer privilegios a su interpretación de la fe.

El debate cobró relevancia durante un foro reciente celebrado en la iglesia Coral Gables Congregational United Church of Christ, donde teólogos, historiadores y líderes eclesiásticos analizaron la expansión de esta corriente y propusieron estrategias para que los sectores de la izquierda cristiana adopten un rol más activo en el espacio público y la defensa de los derechos civiles.

La advertencia sobre la «mentalidad colonizadora»

Durante la mesa de análisis, el reverendo Brandan Robertson, teólogo residente de la congregación de Coral Gables y activista pastoral de la comunidad LGBTQ+, advirtió que el nacionalismo cristiano trasciende las labores de evangelización o proselitismo tradicional para convertirse en un proyecto de dominación política.

««En realidad, no les importa si eres cristiano o no. Vas a tener que adherirte a los valores cristianos tal como ellos los entienden, te guste o no»», afirmó Robertson, añadiendo que la narrativa radical busca excluir a quienes no comparten su visión dogmática de la sociedad.

Por su parte, el Dr. Greg Koger, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Miami, alertó sobre los riesgos institucionales que implica este fenómeno. Koger señaló que el movimiento busca reescribir la historia nacional de forma edulcorada, erosionar la educación pública y recurrir a tácticas antidemocráticas para consolidar su agenda ideológica.

A su vez, la pastora principal de la congregación, Laurie Hafner, recordó que la retórica del extremismo religioso estuvo presente durante los sucesos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de EE. UU., donde se desplegaron símbolos y cruces en medio de actos violentos.

Estrategias y activismo desde el púlpito

Frente a este escenario, los panelistas instaron a los feligreses progresistas a perder el temor a abordar la política desde sus convicciones religiosas, recordando que movimientos históricos de derechos civiles —como los liderados por el Dr. Martin Luther King Jr. o Dorothy Day— se fundamentaron en valores de fe.

  • Pérdida del temor fiscal: Robertson sugirió que las iglesias progresistas deben abordar sin complejos las problemáticas comunitarias y la justicia social, emulando la audacia discursiva que la derecha religiosa ha utilizado históricamente.
  • Visibilidad de la fe: Exhortó a los cristianos de centro e izquierda a hablar abiertamente de la Biblia y utilizar sus principios teológicos para respaldar causas como la reforma migratoria, la salud y la vivienda asequible.
  • Liderazgos políticos: Se citó el surgimiento de figuras públicas que combinan su fe con agendas progresistas —como los senadores Raphael Warnock y Cory Booker, o el gobernador Andy Beshear— como contrapesos frente a referentes de la extrema derecha como Pete Hegseth o JD Vance.

Movilización e impacto local en el sur de Florida

El activismo religioso de corte progresista ha mostrado resultados concretos en el ámbito local. En Miami, líderes católicos y protestantes han coordinado acciones contra la revocación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para migrantes haitianos, la realización de vigilias ciudadanas y la articulación de la organización interreligiosa PACT para la implementación de programas de salud mental y vivienda en el condado Miami-Dade.

A nivel nacional, diversas agrupaciones de la sociedad civil han expresado preocupación por iniciativas estatales que amenazan la separación entre Iglesia y Estado. Asesores en políticas religiosas han enfatizado que el principal reto actual radica en preservar el equilibrio entre el libre ejercicio de la fe y la protección de los derechos civiles para evitar una mayor polarización de la democracia estadounidense.