Un estudio liderado por la Guangzhou Medical University y publicado en la revista npj Aging reveló que limitar el consumo de azúcar durante los primeros mil días de vida —periodo que abarca desde la concepción hasta los dos años de edad— se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia, enfermedad de Alzheimer y trastornos mentales como la depresión y la ansiedad en la etapa adulta.
La investigación aprovechó el fin del racionamiento de azúcar impuesto en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial (septiembre de 1953) como un experimento natural, analizando el historial clínico de más de 60.000 participantes del Biobanco del Reino Unido nacidos entre 1951 y 1956.
Principales hallazgos y diferencias por género
El seguimiento a largo plazo de los participantes expuestos a dietas bajas en azúcar durante la infancia temprana arrojó disminuciones significativas en la prevalencia de afecciones neurodegenerativas y de salud mental:
- Reducción de riesgo cognitivo: Los adultos que crecieron con restricciones de azúcar presentaron un 27% menos de riesgo de padecer demencia y un 46% menos de probabilidades de desarrollar Alzheimer.
- Impacto en salud mental: Se registró una reducción del 11% en casos de depresión y un 20% menos en trastornos de ansiedad, mientras que no se observó una relación directa con la enfermedad de Parkinson.
- Mayor impacto en mujeres: La restricción de azúcar durante los primeros mil días redujo hasta en un 50% el riesgo de Alzheimer en mujeres, además de disminuir sus índices de depresión. En hombres, el beneficio principal se reflejó en una menor propensión a la ansiedad.
Evidencia en neuroimágenes y mecanismos biológicos
Mediante el análisis de resonancias magnéticas de más de 9.000 participantes, los científicos observaron que quienes tuvieron una dieta baja en azúcar durante sus primeros dos años presentaban un mayor volumen en el hipocampo y el tálamo —zonas vinculadas a la memoria y el aprendizaje—. Asimismo, el indicador de envejecimiento cerebral (BrainAGE) mostró que sus cerebros eran, en promedio, cinco meses más jóvenes.
Los autores sugieren que limitar el azúcar en el desarrollo temprano reduce la inflamación sistémica, previene alteraciones metabólicas y mitiga cambios epigenéticos desfavorables. Aunque reconocen la necesidad de replicar el análisis en poblaciones contemporáneas debido a los altos niveles de consumo actual, los resultados respaldan las directrices pediátricas de restringir azúcares añadidos durante la primera infancia para proteger la salud cerebral a largo plazo.
