Las autoridades de gestión de riesgos de Guatemala decretaron la evacuación preventiva de comunidades asentadas en las faldas del Volcán de Fuego, luego de que el coloso registrara un incremento sustancial en su actividad eruptiva. La medida busca resguardar la integridad de los pobladores ante la emisión intensiva de gas, ceniza, flujos piroclásticos y material incandescente.
Claudinne Ogaldes, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), confirmó que la actividad volcánica comenzó a intensificarse de forma progresiva, motivando la evacuación inicial de al menos 50 familias (aproximadamente 250 personas) para ser trasladadas a albergues temporales.
Actividad vulcanológica y zonas bajo evacuación
De acuerdo con el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH), la erupción elevó su nivel de explosividad, generando una fuente de lava que alcanzó entre 200 y 300 metros de altura sobre el cráter y expulsando material hacia todos los flancos del cono.
- Comunidades afectadas: Las evacuaciones preventivas se concentraron inicialmente en el caserío El Porvenir y la aldea Las Lajitas, pertenecientes al municipio de San Juan Alotenango, en el departamento de Sacatepéquez.
- Afectación de infraestructura: Las autoridades ordenaron el cierre preventivo de la Ruta Nacional 14, arteria vial que bordea las inmediaciones del volcán.
- Medidas escolares: El Ministerio de Educación suspendió las actividades lectivas en los municipios de Alotenango (Sacatepéquez), Escuintla (Escuintla) y Yepocapa (Chimaltenango).
Características del coloso y antecedentes
El Volcán de Fuego es un estratovolcán de 3.768 metros de altitud ubicado en la confluencia de los departamentos de Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez, figurando entre las estructuras volcánicas más activas de Centroamérica.
La zona mantiene un estricto monitoreo debido a los antecedentes de alta destructividad en la región, destacando la erupción de junio de 2018 que dejó cientos de víctimas mortales y más de 1,7 millones de personas afectadas tras la destrucción total de comunidades por flujos piroclásticos.
