
La deuda nacional de Estados Unidos superó por primera vez los 40 billones de dólares, un umbral histórico que aumenta la preocupación por el coste de los intereses, la sostenibilidad de las finanzas públicas y la capacidad del Gobierno para responder ante futuras crisis económicas.
El nuevo registro se produce mientras los mercados vigilan el crecimiento del gasto federal, las reducciones tributarias, los programas sociales y el impacto económico de la intervención estadounidense en el conflicto con Irán.
La cifra equivale a más de 119.000 dólares por cada habitante del país, aunque esto no significa que cada ciudadano tenga que pagar individualmente esa cantidad. Se trata de una forma de dimensionar el volumen total de las obligaciones acumuladas por el Gobierno federal.
Una deuda construida durante décadas
El endeudamiento estadounidense no responde exclusivamente a las decisiones de una sola administración. Es el resultado de déficits presupuestarios mantenidos durante gobiernos republicanos y demócratas.
La deuda aumentó aproximadamente 11,6 billones de dólares durante los dos mandatos de Donald Trump, mientras que durante los cuatro años de Joe Biden creció alrededor de 8,4 billones, según datos recopilados por Reuters.
Entre los principales factores se encuentran las rebajas fiscales, el gasto en defensa, las medidas aplicadas durante la pandemia, los programas de asistencia y el crecimiento de los desembolsos destinados al Seguro Social, Medicare y Medicaid.
El envejecimiento de la población también está elevando los compromisos financieros del Gobierno, al mismo tiempo que el pago de intereses absorbe una proporción cada vez mayor del presupuesto.
El mercado de bonos aumenta la presión
La preocupación por la deuda ha provocado movimientos importantes en el mercado de bonos del Tesoro, considerado uno de los pilares del sistema financiero internacional.
El rendimiento de los bonos a diez años llegó a situarse alrededor del 4,70%, mientras que el de los títulos a 30 años superó el 5%. Cuando esos rendimientos aumentan, el Gobierno debe pagar más para conseguir financiación.
El efecto también se traslada a los consumidores. Los bonos del Tesoro sirven como referencia para las hipotecas, los préstamos empresariales, las tarjetas de crédito y otras formas de financiamiento.
Un periodo prolongado de rendimientos elevados puede encarecer la compra de viviendas, reducir la inversión privada y limitar el crecimiento económico.
El Tesoro duplica la recompra de bonos
Ante la volatilidad, el Departamento del Tesoro anunció que duplicará su programa de recompra de bonos de largo plazo.
La medida busca mejorar la liquidez del mercado y disminuir las tensiones sobre determinados títulos. Tras el anuncio, los rendimientos experimentaron un descenso moderado.
Sin embargo, economistas advierten que estas operaciones no resuelven el problema estructural. Estados Unidos continúa gastando más de lo que recauda y necesita emitir nueva deuda para cubrir la diferencia.
El presidente Donald Trump aseguró que no está preocupado por la volatilidad del mercado de bonos y reiteró que las tasas de interés deberían disminuir.
El conflicto con Irán complica el escenario
La guerra con Irán ha agregado una nueva fuente de presión. El aumento del gasto militar, la subida del petróleo y el encarecimiento de los combustibles pueden alimentar nuevamente la inflación.
Esto coloca a la Reserva Federal ante una situación compleja. Una reducción de tasas podría aliviar los costes de financiamiento, pero también estimular la economía cuando todavía existen riesgos inflacionarios.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, tiene previsto ofrecer nuevas señales sobre la política monetaria durante el encuentro económico de Jackson Hole.
Un desafío para ambos partidos
Republicanos y demócratas coinciden públicamente en la necesidad de controlar la deuda, pero mantienen profundas diferencias sobre la solución.
Los republicanos suelen defender reducciones del gasto y políticas que incentiven el crecimiento económico, mientras los demócratas proponen aumentar los ingresos fiscales de las empresas y los contribuyentes con mayores recursos.
No obstante, cualquier estrategia que evite cambios en los grandes programas sociales o en la estructura tributaria tendrá dificultades para reducir significativamente el déficit.
Superar los 40 billones de dólares no implica que Estados Unidos se encuentre ante un incumplimiento inmediato. El país conserva la mayor economía del mundo y el dólar continúa siendo la principal moneda de reserva internacional.
El nuevo récord representa, sin embargo, una advertencia: el pago de intereses limita cada vez más los recursos disponibles para seguridad, infraestructura, salud, educación y atención de emergencias.