Un nuevo endurecimiento en el discurso del presidente Donald Trump contra el régimen cubano ha generado una ola de reacciones en el sur de Florida, donde la diáspora percibe sus recientes advertencias como el inicio de una fase de confrontación definitiva. En un momento de extrema precariedad en la isla, las palabras del mandatario estadounidense han calado hondo en una comunidad que alterna entre la cautela de décadas de espera y la esperanza renovada de ver el fin de un sistema que suma ya 67 años en el poder.
En las calles de Miami, el sentir de los exiliados refleja una mezcla de frustración histórica y una demanda de acciones concretas más allá de la retórica política. Voces de la comunidad, como la de Rodolfo Lezcano, exiliado desde la década de los 80, subrayan la urgencia de la situación actual: “En Cuba se están muriendo de hambre y no hay medicinas; ya es hora de que se termine esta agonía”, afirmó, cerrando su intervención con el emblemático lema «Patria y Vida». Esta exigencia de dignidad y cambio estructural es compartida por residentes que, a pesar de los años fuera de su tierra, mantienen la fe en que la presión de la actual administración estadounidense sea el catalizador necesario para solucionar la crisis humanitaria y política que atraviesa el país.
El debate en los puntos de encuentro tradicionales del exilio no solo se centra en la figura de Trump como un líder dispuesto a tomar medidas que administraciones anteriores evitaron, sino también en el cansancio acumulado ante la inacción de organismos internacionales. Para muchos, la postura frontal del presidente representa la única vía real para desarticular una estructura de poder que consideran agotada.
Por su parte, la respuesta desde La Habana no se ha hecho esperar. Miguel Díaz-Canel ha intentado minimizar el impacto del mensaje estadounidense, asegurando que no existen negociaciones políticas en curso y limitando los vínculos bilaterales a contactos técnicos migratorios. Esta postura oficial busca proyectar una imagen de resistencia interna, mientras la presión internacional se intensifica y la diáspora cubana en todo el mundo sigue con atención cada movimiento que pueda marcar el destino de la isla y la recuperación de su libertad.
Con Información de Diario Las Americas

