El mundo del cuidado de la piel está experimentando una transformación radical. Tras años de popularidad de las rutinas de diez pasos, el 2026 marca el inicio de una era dominada por el «menos es más». Expertos de la industria coinciden en que los consumidores actuales están priorizando la eficiencia, el ahorro y la autenticidad, alejándose de la acumulación de productos para abrazar el concepto del «Smart Multitasker» (Multitarea Inteligente).
Hina Mian, CEO de la firma japonesa DEAU Skin, asegura que el exceso de productos ya no es sinónimo de una piel mejor, sino de desorden y gasto innecesario. Esta mentalidad está impulsando la demanda de fórmulas híbridas que ofrecen múltiples beneficios en un solo paso, respondiendo a un estilo de vida que busca simplicidad tanto en el estante del baño como en el impacto digital.
Piel real y resultados de consultorio en casa
La tendencia hacia lo natural también ha alcanzado al maquillaje, que este año se vuelve casi invisible. El estilo de alta cobertura ha quedado atrás para dar paso a la «piel real», una respuesta a la saturación de filtros y poses artificiales en redes sociales.
Por otro lado, la innovación se centra en productos inspirados en la medicina estética. Según Maria Hatzistefanis, fundadora de Rodial, el mercado busca resultados similares a los tratamientos profesionales —como el efecto de relleno y firmeza— pero mediante el uso diario de ingredientes regenerativos, eliminando la necesidad de procedimientos invasivos o tiempos de recuperación.
Biotecnología y conciencia ambiental
La influencia de la belleza coreana (K-Beauty) continúa liderando el camino hacia la salud cutánea a largo plazo. Aram Baek, fundador de Nurilounge, destaca que el futuro pertenece a la biotecnología. Los consumidores ya no aceptan promesas vacías; exigen ciencia aplicada, como colágeno cultivado en laboratorio y botánicos fermentados.
Este enfoque científico no solo busca mejorar la eficacia, sino también proteger el planeta. De acuerdo con Lizzie Horvitz, fundadora de Finch, la sostenibilidad es ahora un factor decisivo. La creación de ingredientes en laboratorio permite reducir el impacto en la biodiversidad y ofrece etiquetas más transparentes sobre el origen de los componentes, satisfaciendo a una audiencia que entiende que el cuidado personal y el cuidado ambiental son, en 2026, una misma prioridad.

