El mundo de la moda ha vivido uno de sus días más tristes. Tras dos jornadas de una multitudinaria capilla ardiente, el sector se ha congregado en la majestuosa Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires, en el corazón de Roma, para despedir a Valentino Garavani. El diseñador, que falleció a los 93 años, no solo deja un archivo histórico de elegancia, sino un vacío irremplazable en la cultura italiana y global.
La despedida fue, tal como su legado, una exhibición de rigor, respeto y ese «rojo Valentino» que, aunque hoy fue sustituido por el negro más solemne, se sentía en el ambiente.
Anne Hathaway: La emoción de una musa y amiga

Una de las presencias más conmovedoras fue la de Anne Hathaway, quien acudió acompañada por su marido, Adam Shulman. La protagonista de El diablo viste de Prada no solo fue una de sus musas más fieles, sino una amiga íntima durante dos décadas.
Visiblemente afectada, Hathaway ya había compartido en sus redes sociales un tributo que conmovió a la industria, describiendo al maestro no como un titán de la moda, sino como un mentor:
«Fue mi compañero de baile y de karaoke en tantas noches alegres; alguien que hizo mi mundo mucho más brillante, grande y encantador de lo que jamás pude imaginar», confesó la actriz, recordando cómo Valentino le enviaba flores en cada uno de sus cumpleaños.
Donatella Versace y el respeto entre maestros

La industria italiana estuvo representada por su otra gran figura: Donatella Versace. Con un semblante serio y de riguroso luto, la diseñadora quiso honrar al hombre que, según sus propias palabras, «siempre será recordado por su arte». Su presencia en la basílica, aunque silenciosa y sin declaraciones a la prensa, subrayó el profundo respeto y la unión que existía entre los grandes nombres de la moda europea.
Elegancia internacional: Olivia Palermo y Anna Wintour

La representación estadounidense no se quedó atrás. La it-girl y empresaria Olivia Palermo asistió junto a su esposo, Johannes Huebl, manteniendo un perfil bajo y cumpliendo estrictamente con el protocolo de la Santa Sede.
Asimismo, la presencia de Anna Wintour, la poderosa editora de Vogue, reafirmó la importancia histórica del evento. Wintour, que rara vez se deja ver en momentos de vulnerabilidad, adoptó una postura discreta, reconociendo con su presencia que con Valentino se cierra una de las eras más gloriosas de la costura artesanal.
El sello español: Naty Abascal y Rosario Nadal

España también tuvo un lugar destacado en el último adiós al modisto. Naty Abascal, amiga personal de Valentino desde los años 60 y una de las mujeres que mejor ha defendido sus diseños, acudió acompañada de su hijo. Con su elegancia característica, Naty se mantuvo en un discreto segundo plano junto a Rosario Nadal, ambas representando el vínculo histórico que el diseñador italiano siempre mantuvo con la sociedad española.
Un legado eterno
Valentino Garavani no solo diseñó vestidos; definió el concepto de feminidad y lujo durante más de medio siglo. Su funeral en Roma no fue solo un evento social, sino el reconocimiento a una escuela de diseño que ha servido de inspiración para todos los referentes actuales. Al salir el féretro de la basílica, el silencio de la Plaza de la República marcó el fin de una época, pero el inicio de una leyenda que seguirá viva en cada costura y en cada tono de ese rojo que ya es propiedad de la historia.

