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Virus Nipah: La amenaza invisible que acecha en las sombras del sudeste asiático

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Mientras el mundo aún intenta sacudirse las secuelas de la pandemia de COVID-19, un viejo conocido de la virología ha vuelto a encender las alarmas en los radares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata del virus Nipah (NiV), un patógeno zoonótico tan letal como silencioso que, aunque no posee la velocidad de propagación del coronavirus, ostenta una tasa de mortalidad que resulta, por decir lo menos, aterradora.

Por: Vanessa Rodriguez L // MiamiNews24

El virus Nipah no es nuevo. Su primera aparición documentada ocurrió en 1999, tras un brote devastador entre criadores de cerdos en Malasia y Singapur. En aquel entonces, el virus saltó de los murciélagos fruteros (Pteropodidae) —sus huéspedes naturales— a los cerdos, y de estos a los humanos. Sin embargo, en brotes más recientes en la India y Bangladés, el mediador animal ha desaparecido de la ecuación en muchos casos: el contagio se produce por el consumo de savia de palmera datilera contaminada por secreciones de murciélago o, de forma más preocupante, por el contacto directo entre personas.

Las cifras de la letalidad: Un enemigo implacable

Lo que hace que el Nipah sea un nombre recurrente en la lista de «enfermedades prioritarias» de la OMS no es su cantidad de contagios, sino su brutal efectividad. Según datos oficiales de la OMS, la tasa de letalidad se estima entre el 40% y el 75% de los casos infectados. Para poner esto en perspectiva, la letalidad del COVID-19 fue inferior al 3% en la mayoría de las regiones.

«El virus Nipah es una de las patologías más peligrosas que conocemos. Su capacidad para causar una inflamación cerebral severa (encefalitis) lo convierte en un desafío médico de proporciones épicas», señalan expertos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Actualmente, las regiones que mantienen una vigilancia activa son:

  • India: Especialmente el estado de Kerala, que ha enfrentado múltiples brotes en los últimos años (incluyendo incidentes en 2018, 2021 y 2023).
  • Bangladés: El país reporta casos casi anualmente, vinculados principalmente a la ingesta de alimentos crudos contaminados.
  • Filipinas y Tailandia: Han reportado evidencias de circulación del virus en poblaciones de murciélagos, lo que mantiene a sus sistemas de salud en alerta preventiva.

¿El próximo COVID-19? Un análisis necesario

Una de las preguntas más recurrentes en la opinión pública es si el Nipah podría transformarse en la próxima gran pandemia global. Afortunadamente, los científicos señalan diferencias cruciales. A diferencia del SARS-CoV-2, que se transmite con extrema facilidad por el aire incluso antes de presentar síntomas, el Nipah suele requerir un contacto físico muy estrecho con fluidos corporales (sangre, orina o saliva) de una persona infectada.

No obstante, el riesgo no es nulo. La preocupación de la OMS radica en la posibilidad de que el virus mute y adquiera una mayor transmisibilidad aérea. Por esta razón, el Nipah forma parte del «Plan de Investigación y Desarrollo para las Epidemias», un programa diseñado para acelerar la creación de diagnósticos y vacunas antes de que ocurra una emergencia internacional.

El cuadro clínico del Nipah es camaleónico y traicionero. Comienza con síntomas similares a los de una gripe común: fiebre persistente, dolores de cabeza punzantes y dolor muscular. Sin embargo, en cuestión de días, la situación puede escalar hacia un mareo profundo, somnolencia extrema y alteración de la conciencia.

En los casos más graves, los pacientes desarrollan encefalitis aguda y problemas respiratorios atípicos. Aquellos que logran sobrevivir no siempre quedan libres de secuelas; muchos enfrentan trastornos neurológicos a largo plazo, como convulsiones o cambios drásticos en la personalidad.

¿Existe una cura?

La respuesta corta es: no. Actualmente, no existe una vacuna aprobada ni para humanos ni para animales. El tratamiento se limita a los «cuidados de apoyo», es decir, tratar los síntomas y mantener al paciente hidratado y monitoreado mientras su cuerpo intenta combatir la infección. Aunque se han realizado ensayos con anticuerpos monoclonales y antivirales como el remdesivir, los resultados aún están en fases de estudio y no representan una solución definitiva.

El virus Nipah es un recordatorio de nuestra fragilidad ante la naturaleza y de cómo la invasión humana de los hábitats silvestres rompe barreras biológicas vitales. La posición de la OMS es clara: la clave está en la detección temprana y el aislamiento estricto.

Por ahora, el Nipah sigue confinado a brotes localizados en Asia, pero en un mundo hiperconectado, la vigilancia epidemiológica es la única frontera real. La prevención —evitar el consumo de frutas picadas por animales o savia cruda en zonas de riesgo— sigue siendo nuestra herramienta más potente contra este enemigo que acecha en el follaje de las palmeras.