Una organización internacional de derechos humanos confirmó que las protestas registradas en Irán en los últimos meses han dejado más de 6.000 personas muertas, una cifra significativamente superior a la reportada por las autoridades del país, en medio de una creciente tensión regional marcada por la llegada de portaaviones estadounidenses a Medio Oriente.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, informó este martes 27 de enero que ha logrado verificar 6.126 fallecimientos relacionados con las movilizaciones antigubernamentales que se extendieron por diversas regiones de Irán desde diciembre pasado. Según la organización, cada caso ha sido confirmado mediante una red de activistas dentro del país.
Del total de víctimas, HRANA señala que 5.777 eran manifestantes, 214 pertenecían a fuerzas de seguridad, 86 eran menores de edad y 49 eran civiles que no participaban en las protestas. Además, el grupo estima que la represión ha derivado en más de 41.800 detenciones.
Las cifras no han podido ser corroboradas por otras fuentes independientes debido a las restricciones impuestas por el régimen iraní, que incluyen cortes prolongados de internet y limitaciones en las comunicaciones telefónicas.
Por su parte, el gobierno de Teherán reconoce 3.117 muertes, asegurando que la mayoría correspondían a civiles y personal de seguridad, mientras que al resto los ha catalogado como “terroristas”. Históricamente, organizaciones internacionales han acusado a la República Islámica de minimizar o no reportar adecuadamente las víctimas durante episodios de disturbios internos.
Aun así, incluso la cifra oficial representa el mayor número de fallecidos en protestas en décadas y evoca la violencia registrada durante la Revolución Islámica de 1979.
Refuerzo militar de EE. UU. en Medio Oriente
En paralelo al deterioro de la situación interna en Irán, Estados Unidos ha reforzado su despliegue militar en Medio Oriente. Funcionarios estadounidenses confirmaron que el portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado por destructores de misiles guiados, ingresó a la región para fortalecer la capacidad de respuesta de Washington ante lo que la Casa Blanca ha descrito como una “crisis” en Irán.
El despliegue amplía las opciones militares del presidente Donald Trump, quien ha advertido en repetidas ocasiones que su administración no tolerará asesinatos de manifestantes ni ejecuciones masivas por parte del régimen iraní. Además del grupo de portaaviones, el Pentágono ha movilizado aviones de combate y sistemas de defensa aérea hacia la zona.
La presencia militar estadounidense se produce en un contexto complejo, ya que varios países del Golfo Pérsico han manifestado su intención de no involucrarse directamente en un eventual conflicto, pese a albergar instalaciones militares de EE. UU. Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, afirmó que no permitirá el uso de su espacio aéreo, territorio o aguas para acciones hostiles contra Irán.
Mientras tanto, milicias respaldadas por Teherán en la región han advertido que podrían lanzar nuevos ataques, en respaldo al régimen iraní, en caso de una intervención extranjera.
Irán, por su parte, ha respondido con amenazas de una “guerra total” si su territorio es atacado, aunque analistas señalan que sus capacidades militares y defensas aéreas siguen debilitadas tras el conflicto con Israel en junio de 2025.
Crisis económica agrava el escenario interno
A la represión política y la presión internacional se suma un deterioro acelerado de la economía iraní. La moneda local, el rial, cayó recientemente a un mínimo histórico, alcanzando una cotización cercana a 1,5 millones de riales por dólar, lo que ha encarecido bienes básicos y podría detonar nuevas protestas sociales en el país.

