Bajo la apariencia de un petrolero común, con casco oxidado y bandera extranjera, el buque Marinera (anteriormente conocido como Bella 1) navegaba por el Atlántico Norte intentando pasar desapercibido entre las miles de embarcaciones que cruzan el océano diariamente. Sin embargo, el pasado 7 de enero de 2026, la operación estadounidense “Lanza del Sur” puso fin a su trayecto, interceptándolo entre Islandia y Escocia en una acción que trasciende lo administrativo para entrar de lleno en el terreno de la geopolítica.
Las autoridades consideran que el Marinera es una pieza clave en una red de transporte diseñada para evadir embargos. Tras ser incautado, el buque entró en aguas británicas para ser reabastecido con suministros esenciales, bajo la vigilancia de Washington, acusado de transportar crudo para Venezuela, Rusia e Irán.
¿Qué es una «flota en la sombra»?
El término, que parece extraído de una novela de aventuras, describe una realidad prosaica y peligrosa. Se trata de petroleros que, aunque figuran en registros oficiales, utilizan tácticas de ocultación para operar fuera del radar político:
- Cambios constantes: Alteran su nombre, bandera y propietarios con frecuencia.
- Apagón tecnológico: Manipulan o apagan el sistema AIS (transpondedor de posición) para «desaparecer» en tramos sensibles.
- Transferencias en alta mar: Realizan operaciones ship-to-ship (de barco a barco) lejos de la vigilancia portuaria para mezclar cargas y borrar el rastro del origen del crudo.
Expertos señalan que estas naves existen gracias a las «banderas de conveniencia» y a entramados de empresas pantalla que diluyen las responsabilidades legales y ambientales.
El océano como escenario de guerra económica
La detención del Marinera no es un hecho aislado. Según analistas, es un mensaje directo de Washington: el océano ya no es un territorio neutro, sino un frente activo de confrontación económica. Cuando se bloquean las exportaciones de un país, el petróleo no deja de fluir, sino que busca estas vías alternativas que crecen silenciosamente al calor de las sanciones.
Esta flota paralela no solo desestabiliza el sistema internacional, sino que genera riesgos significativos:
- Seguridad Ambiental: Organizaciones como The Ocean Foundation advierten que la opacidad dificulta la prevención de desastres ecológicos.
- Riesgo Humano: Las tripulaciones trabajan en condiciones precarias y suelen quedar en un limbo jurídico ante cualquier incidente.
- Distorsión de Mercado: Generan competencia desleal frente a operadores que cumplen las normas y distorsionan los precios globales de la energía.
Un patrón que se repite
El fenómeno de los barcos fantasma no es nuevo, pero sí más sofisticado. Casos previos, como el hundimiento de buques en el Mediterráneo durante el conflicto en Siria o incidentes en la Unión Europea, revelan que los buques civiles son utilizados cada vez más como piezas estratégicas para movimientos de Estados que necesitan actuar sin dejar rastro oficial.
La detención del Marinera funciona hoy como una fotografía de una economía sumergida que navega sobre el agua. Es el recordatorio de que, detrás de un casco oxidado en alta mar, puede esconderse una guerra silenciosa librada con contratos opacos y transpondedores apagados.
Información El Nuevo Herald

