Las fuerzas militares de Estados Unidos comenzaron este lunes el repliegue de su mayor base en el noreste de Siria, marcando un giro histórico en su presencia en el país después de más de una década de operaciones militares continuas. Testigos locales y fuentes de seguridad sirias reportaron la salida de decenas de camiones con vehículos blindados desde la base de Qasrak, situada en la provincia de Hasakah, en dirección hacia la frontera con Irak.
La retirada forma parte de un proceso más amplio que, según fuentes diplomáticas y gubernamentales sirias, podría completarse en un plazo de entre 20 y 30 días, dejando a Estados Unidos con una presencia militar mucho más reducida en la región. La base de Rmelan —también conocida como Kharab al-Jir, cerca de la frontera con Irak— sería la última instalación estadounidense en territorio sirio una vez concluido el repliegue.
Qasrak fue un centro clave para la coalición internacional liderada por EE. UU. desde 2014, cuando las fuerzas estadounidenses se desplegaron junto a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza predominantemente kurda, con el objetivo de combatir al grupo yihadista Estado Islámico (Daesh). La base también desempeñó un papel estratégico en el control de corredores logísticos y en el apoyo aéreo a operaciones contra células extremistas en el noreste del país.
Imágenes de agencias internacionales muestran convoyes militares abandonando Qasrak con equipo pesado y unidades blindadas, un símbolo del cambio en la postura estadounidense en Siria. El Pentágono aún no ha emitido una declaración oficial sobre este repliegue, pero analistas señalan que refleja un ajuste en la estrategia militar de Washington hacia la región, con un enfoque cada vez mayor en apoyar operaciones desde territorios vecinos como Irak y reducir la exposición directa de tropas en zonas de conflicto prolongado.
Este movimiento ocurre en un contexto de consolidación del control del gobierno sirio sobre amplias zonas del país que anteriormente estuvieron bajo administración kurda, especialmente tras acuerdos recientes entre fuerzas locales y autoridades sirias que han modificado la dinámica territorial en el norte y noreste de Siria.
La retirada estadounidense también coincide con la reciente entrega de otras bases estratégicas, como Al-Tanf y Al-Shaddadi, que fueron evacuadas en semanas anteriores como parte de un repliegue sucesivo de instalaciones militares en el país.
Aunque el número exacto de efectivos estadounidenses que permanecerán en la región no ha sido confirmado públicamente, estimaciones periodísticas sitúan alrededor de 1,000 tropas que podrían ser reubicadas o retiradas totalmente en las próximas semanas, dependiendo de la evolución de la situación de seguridad y de los acuerdos con actores locales y regionales.
Expertos en seguridad advierten que la salida de la mayor base estadounidense en Siria representa un cambio significativo en el equilibrio geopolítico del Medio Oriente, con posibles implicaciones para la lucha contra grupos extremistas y la influencia de potencias regionales como Irán y Rusia en el país

