Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han escalado sus «operaciones terrestres limitadas» en el sur del Líbano, logrando desmantelar infraestructuras clave y arsenales de Hezbollah. La operación, liderada por la División 91, busca establecer una posición defensiva avanzada para neutralizar las amenazas de la organización proiraní, que se sumó formalmente al conflicto tras la muerte del ayatolá Alí Khamenei.
La maniobra comenzó con ataques de precisión de la Fuerza Aérea de Israel contra estructuras militares donde se detectó actividad insurgente. Tras el bombardeo, unidades terrestres ingresaron para realizar registros, localizando un importante alijo de armas que incluía:
- Decenas de cohetes listos para ser disparados.
- Artefactos explosivos y armamento ligero.
- Neutralización de objetivos: Las FDI informaron la eliminación de dos combatientes armados que intentaban avanzar hacia posiciones israelíes.
Líbano: Un Estado contra la milicia
En un giro diplomático significativo, el gobierno del Líbano ha intentado distanciarse de las acciones del grupo chiíta. El Ministerio de Exteriores recordó que, desde el 2 de marzo de 2026, existe un decreto oficial que declara ilegales las actividades militares de Hezbollah.
“Ningún grupo armado que opere fuera del marco del Estado podrá hundir al Líbano en el caos al servicio de programas cuestionables”, sentenció la cancillería libanesa, exigiendo que el movimiento deponga las armas.
Contexto de una guerra regional
La implicación de Hezbollah en la contienda responde a la política de «venganza» por los bombardeos conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán. Mientras el ejército israelí avanza en el desmantelamiento de drones y misiles en el oeste de Irán, el frente libanés se ha convertido en una zona de combate directa, complicando la estabilidad de Beirut.

