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Arranca el juicio contra David Rivera en Miami: acusado de hacer lobby secreto para Venezuela

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El juicio federal contra el excongresista de Florida David Rivera comenzó en Miami, marcando un nuevo capítulo en uno de los casos más polémicos vinculados a presunta influencia extranjera en la política de Estados Unidos.

Rivera, quien representó al sur de Florida en el Congreso entre 2011 y 2013, enfrenta cargos junto a la consultora política Esther Nuhfer por supuestamente realizar labores de lobby a favor del gobierno venezolano sin registrarse como agente extranjero, como exige la ley federal.

Acusaciones de “codicia y traición”

Durante la apertura del juicio, la fiscalía describió el caso como un esquema basado en “codicia y traición”, asegurando que los acusados ocultaron deliberadamente sus vínculos con intereses del régimen venezolano mientras buscaban influir en la política exterior de Estados Unidos.

Según los fiscales, Rivera y Nuhfer habrían firmado en 2017 un contrato de hasta 50 millones de dólares vinculado a una empresa relacionada con el gobierno de Nicolás Maduro, con el objetivo de mejorar las relaciones entre Washington y Caracas.

Parte de ese dinero —aproximadamente 20 millones de dólares— habría sido recibido en pagos fraccionados mientras intentaban gestionar reuniones con altos funcionarios estadounidenses.

Influencia política y contactos clave

Uno de los elementos más relevantes del juicio es el uso de contactos políticos de alto nivel. La fiscalía sostiene que Rivera utilizó su red de relaciones en Washington para demostrar su capacidad de influir en decisiones clave sobre Venezuela.

Entre esos contactos figura el actual secretario de Estado, Marco Rubio, quien habría sostenido reuniones con los acusados sin conocer que presuntamente representaban intereses del gobierno venezolano.

De hecho, se espera que Rubio testifique en el juicio, en lo que podría convertirse en uno de los momentos más determinantes del proceso judicial.

A nivel general, el caso gira en torno a la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA), que no prohíbe trabajar para gobiernos extranjeros, pero sí obliga a declarar esas actividades ante las autoridades estadounidenses.

Mensajes cifrados y evidencias

La fiscalía también presentó como evidencia conversaciones en las que los implicados utilizaban lenguaje cifrado para referirse a figuras políticas y sumas de dinero.

Según los documentos judiciales, términos como “el guagüero” hacían referencia a Nicolás Maduro, mientras que “melones” representaban millones de dólares.

Asimismo, el caso involucra a otras figuras, como el empresario venezolano Raúl Gorrín —considerado prófugo por la justicia estadounidense— y un testigo clave que colaborará con el gobierno durante el proceso.

La defensa rechaza las acusaciones

Por su parte, la defensa de Rivera sostiene que no se cometió ningún delito. Argumentan que las actividades realizadas eran de carácter comercial y no político, por lo que no requerían registro bajo la ley FARA.

Además, insisten en que las gestiones estaban orientadas a favorecer intereses legítimos y no a representar al gobierno de Venezuela.

Rivera se ha declarado no culpable de los cargos, que incluyen conspiración para lavado de dinero y actuación como agente extranjero no registrado.

Un caso con impacto político

El juicio se desarrolla en un contexto de alta tensión política entre Estados Unidos y Venezuela, lo que añade una dimensión geopolítica al proceso.

Expertos consideran que el caso podría sentar precedentes importantes sobre la transparencia en el lobby internacional y el uso de redes políticas para influir en decisiones de política exterior.

Además, el hecho de que figuras de alto perfil puedan ser llamadas a testificar refuerza la relevancia del juicio, que podría extenderse durante varias semanas.

Expectativa por el desarrollo del proceso

Con el inicio del juicio, todas las miradas están puestas en las próximas audiencias, donde se presentarán más pruebas y testimonios clave.

El resultado del caso no solo definirá el futuro legal de Rivera, sino que también podría tener implicaciones más amplias sobre cómo Estados Unidos regula la influencia extranjera en su sistema político.