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Ocho presidentes, diez años y una crisis que parece no tener fin en Perú

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En los últimos diez años, Perú ha protagonizado un fenómeno político sin parangón en el mundo: la sucesión de ocho mandatarios en un periodo donde solo correspondían dos mandatos democráticos. Entre escándalos de corrupción, relojes de lujo y el uso recurrente de la «vacancia moral», el país sudamericano llega a las elecciones de abril de 2026 sumido en una crisis de representatividad, pero con una economía que, sorprendentemente, mantiene su resiliencia.

La inestabilidad actual hunde sus raíces en la elección de Pedro Pablo Kuczynski (2016). Tras vencer a Keiko Fujimori, Kuczynski enfrentó un Congreso de mayoría opositora que debilitó su gestión mediante constantes mociones de destitución. Finalmente, renunció en 2018 acosado por supuestos vínculos con la constructora Odebrecht.

A partir de allí, la sucesión constitucional se activó en cadena:

  1. Martín Vizcarra (2018-2020): Sucedió a Kuczynski, pero fue destituido por el Congreso bajo acusaciones de corrupción en su etapa como gobernador. Actualmente cumple una condena de 14 años en primera instancia.
  2. Manuel Merino (2020): Su mandato duró apenas cinco días. Renunció tras masivas protestas sociales que rechazaron la salida de Vizcarra, calificándola de «golpe legislativo».
  3. Francisco Sagasti (2020-2021): Como presidente del Congreso, asumió el gobierno de transición para estabilizar el país hasta las elecciones generales.

De la crisis de Castillo al «Rolexgate» de Boluarte

El ciclo se repitió tras la victoria de Pedro Castillo en 2021. Su gestión estuvo marcada por la falta de cuadros técnicos y constantes investigaciones fiscales. La crisis culminó el 7 de diciembre de 2022, cuando Castillo intentó disolver el Congreso de forma inconstitucional, lo que derivó en su inmediata destitución y posterior encarcelamiento.

Dina Boluarte, su vicepresidenta, tomó el relevo en un clima de alta conflictividad social. Sin embargo, su salida no fue por la convulsión en las calles, sino por una serie de escándalos éticos conocidos como el «Rolexgate» y cuestionamientos sobre una ausencia injustificada del cargo tras una cirugía estética. Boluarte fue destituida por el Parlamento en octubre de 2025.

El «Chifagate» y la recta final hacia abril

La crisis alcanzó niveles cinematográficos con José Jerí (2025-2026). El mandatario interino se vio obligado a dejar el cargo tras la difusión de imágenes donde ingresaba encapuchado a un restaurante («chifa») para reunirse en secreto con un empresario chino vinculado a obras estatales.

Actualmente, José María Balcázar ejerce la presidencia con el único objetivo de conducir el proceso electoral de abril, donde más de 30 candidatos aspiran a romper este ciclo de inestabilidad.

¿Por qué colapsa la presidencia en Perú?

Según expertos constitucionalistas como Walter Gutiérrez, el sistema peruano ha derivado en un «parlamentarismo de facto». El eje de la crisis es la figura de la vacancia por incapacidad moral, una herramienta constitucional que data del siglo XIX y que originalmente se refería a problemas físicos o mentales del mandatario.

«Se ha hecho un abuso de esta figura, convirtiéndola en una cláusula abierta donde todo entra», señala Gutiérrez. En los últimos años, el Congreso ha utilizado esta interpretación elástica para remover presidentes con relativa facilidad, alterando el equilibrio de poderes.

La paradoja económica

A pesar del desfile de mandatarios por el Palacio de Gobierno, el Banco Mundial destaca que Perú ha mantenido una institucionalidad económica sólida. El país conserva una de las monedas más estables de la región y reservas internacionales importantes, operando bajo una lógica donde la política y la economía parecen correr por carriles separados.