Un equipo de científicos de la Universidad de Wrocław, en Polonia, ha logrado un hito en la arqueología moderna al descubrir un objeto inédito oculto en las entrañas de una momia egipcia de 2.000 años de antigüedad. Lo que durante un siglo se consideró simplemente una pieza de exhibición en el Museo Arquidiocesano, ha revelado mediante tomografías computarizadas la presencia de un papiro oculto bajo el vendaje del tórax, un hallazgo que podría devolverle la identidad a un niño que vivió en la época ptolemaica.
La investigación, iniciada en 2023 por solicitud del arzobispo Józef Kupny, utilizó técnicas no invasivas para «pelar» digitalmente las capas de la momia sin dañar su frágil estructura. Los resultados han permitido reconstruir la biografía física del pequeño:
- Edad: Tenía aproximadamente ocho años al momento de morir, según el desarrollo dental.
- Talla: El cuerpo mide 123 centímetros de largo.
- Estado: Se conservan tejidos blandos y rasgos faciales, ya que parte de los vendajes del rostro fue retirada en el pasado, dejando al descubierto una capa oscura de resinas de embalsamamiento.
El enigma del papiro: ¿Un nombre o un amuleto?
El punto culminante del estudio fue la detección de un objeto rectangular sobre el pecho del niño. Los expertos manejan dos hipótesis principales:
- Un documento de identidad: Podría tratarse de un papiro que contenga el nombre del niño y su linaje, una práctica utilizada para asegurar que el alma fuera reconocida en el más allá.
- Protección ritual: Podría ser un amuleto u objeto sagrado colocado por los embalsamadores para acompañar al infante en su tránsito hacia la eternidad.
Sin embargo, acceder al objeto físicamente es hoy un dilema ético y técnico. El cartonaje (la capa de lino y yeso) que lo recubre es extremadamente frágil, por lo que los científicos han optado por la prudencia, esperando a desarrollar métodos que permitan la extracción sin destruir la integridad de la momia.
Un sobreviviente de la historia europea
La «biografía» de esta momia es tan enigmática como su origen. Fue adquirida en 1914 por el obispo Adolf Bertram en la entonces ciudad alemana de Breslau. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el cambio de fronteras y la destrucción de archivos, la pieza quedó en la actual Wrocław (Polonia) con su rastro de procedencia borrado.
Hoy, gracias a la tecnología CT, el niño de ocho años ha dejado de ser una simple curiosidad de museo para convertirse en un paciente arqueológico que aún tiene mucho que decir. Aunque la causa de su muerte sigue siendo un misterio —al no detectarse traumas ni enfermedades evidentes—, el papiro en su pecho promete ser la llave que abra una ventana directa a la vida cotidiana y los ritos de la era de los Ptolomeos.

