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Trump sanciona a la cúpula del poder cubano y a su agencia de inteligencia

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En una escalada sin precedentes dentro de la estrategia de «presión máxima», el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos sancionó este lunes a nueve altos funcionarios gubernamentales, generales de alto rango y a la Dirección de Inteligencia (DGI) de Cuba. La medida, amparada en una orden ejecutiva que califica a la isla como una “amenaza inusual y extraordinaria”, golpea directamente al corazón político y militar del régimen castrista.

A diferencia de rondas anteriores, estas sanciones alcanzan a figuras que rara vez habían sido tocadas, evidenciando un esfuerzo de la administración de Donald Trump por fracturar la estructura de mando tanto en el Gobierno como en el Partido Comunista (PCC).

Los rostros del poder en la «Lista Negra»

La inclusión en la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) implica el bloqueo inmediato de activos y la prohibición total para empresas y ciudadanos estadounidenses de realizar transacciones con ellos. Entre los nombres más relevantes destacan:

  • Poder Legislativo y Político: Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional; y Roberto Morales Ojeda, secretario de organización del Comité Central del PCC.
  • Gabinete Ministerial: Mayra Arevich (Comunicaciones), Vicente de la O Levy (Energía, clave en medio de la crisis energética de la isla) y Rosabel Gamon Verde (Justicia).
  • Cúpula Militar y de Inteligencia: Se designó a la DGI y a generales como Joaquín Quintas Solá (Viceministro de las FAR) y Ania Guillermina Lastres Morera, presidenta del conglomerado militar GAESA, el brazo económico de las fuerzas armadas.

GAESA y la infraestructura de control

La designación de GAESA y de su presidenta representa un golpe estratégico a las finanzas del régimen, ya que este conglomerado controla gran parte de la economía dolarizada de la isla, desde el turismo hasta las remesas.

Asimismo, el Tesoro reforzó las sanciones contra entidades que ya estaban bajo la lupa por la represión de julio de 2021, como la Policía Nacional de Cuba y sus directivos, así como el Ministerio del Interior (MININT). Bajo la nueva orden ejecutiva, estas entidades enfrentan ahora una maraña legal aún más restrictiva que busca asfixiar sus canales de financiamiento internacionales.

Una «Amenaza Extraordinaria»

El sustento legal de esta ofensiva es la Orden Ejecutiva firmada por Trump a principios de mes, la cual eleva el estatus de la disputa bilateral al nivel de seguridad nacional. Según funcionarios del Departamento de Estado, el objetivo es forzar «reformas profundas y fundamentales» en el sistema político cubano.

Esta medida ocurre en un contexto de extrema fragilidad para La Habana, que enfrenta una crisis de suministros eléctricos y combustibles agravada por el bloqueo naval estadounidense. La inclusión de los jefes de los ejércitos Central y Oriental subraya que Washington no solo apunta a los burócratas en la capital, sino a la capacidad operativa de las fuerzas armadas en todo el territorio nacional.

Repercusiones inmediatas

Con estas sanciones, el gobierno estadounidense cierra el cerco sobre los activos que el liderazgo cubano pudiera tener en el exterior y envía un mensaje a socios comerciales internacionales sobre el riesgo de operar con la cúpula del PCC. Mientras la isla se hunde en un aislamiento diplomático y económico cada vez más profundo, la administración Trump deja claro que la ventana de diálogo solo se abrirá si existen cambios democráticos tangibles en el horizonte.