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Rodrigo Paz bajo asedio: Tres semanas de protestas ponen a prueba la «mano dura» del Gobierno

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Bolivia ingresa esta semana en su vigésimo primer día de conflicto social ininterrumpido. Lo que comenzó como un reclamo sectorial por el incremento del costo de vida se ha transformado en una movilización nacional que pone a prueba la estabilidad de la administración del presidente Rodrigo Paz, quien enfrenta su crisis más severa desde que asumió el mandato.

La parálisis de las principales arterias viales del país y las constantes marchas en los centros urbanos reflejan un malestar profundo cimentado en tres pilares: la inflación galopante, la escasez crítica de combustibles y una sequía de divisas que ha disparado el mercado paralelo del dólar.

El detonante: Un salario devorado por la inflación

La exigencia central de la Central Obrera Boliviana (COB) y de diversos sindicatos de trabajadores es un aumento salarial que compense la pérdida del poder adquisitivo. Según los manifestantes, el encarecimiento de la canasta básica —impulsado por la dificultad de los importadores para conseguir dólares a la tasa oficial— ha hecho que el salario mínimo actual sea insuficiente para cubrir las necesidades básicas de las familias bolivianas.

A este reclamo se suma la desesperación del sector transporte. El desabastecimiento de diésel y gasolina, provocado por las dificultades del Estado para pagar las importaciones de hidrocarburos debido a la falta de liquidez, ha generado filas kilométricas en las estaciones de servicio, paralizando la logística nacional.

La respuesta oficial: Entre la «mano dura» y la austeridad

Desde el Palacio Quemado, la postura del presidente Rodrigo Paz ha sido inflexible. El Ejecutivo ha descartado, por el momento, un incremento salarial masivo, argumentando que una medida de ese tipo solo serviría para «echar más leña al fuego» de la inflación.

  • Restablecimiento del orden: El gobierno ha desplegado operativos policiales para intentar desbloquear rutas estratégicas, lo que ha derivado en enfrentamientos con civiles y la detención de varios líderes sindicales bajo cargos de desestabilización.
  • Discurso de «Golpe Blando»: Paz ha calificado las movilizaciones como un intento de sabotaje político, manteniendo una retórica de confrontación que, según analistas locales, ha cerrado las vías de diálogo directo.

Un escenario económico frágil

La falta de dólares ha creado una brecha cambiaria que afecta a todos los niveles de la economía. Mientras el Banco Central intenta mantener la calma, el sector empresarial advierte que las pérdidas por los bloqueos de carreteras en el eje troncal (Santa Cruz – Cochabamba – La Paz) superan ya los millones de dólares, comprometiendo la producción agroindustrial y las exportaciones.

¿Hacia dónde va el conflicto?

Con las negociaciones estancadas y la presión social en aumento, el país aguarda un posible cambio de rumbo en las políticas monetarias del gobierno. La comunidad internacional observa con preocupación si la administración de Paz optará por una flexibilización del tipo de cambio o si continuará con la estrategia de contención mediante la fuerza pública.

En las próximas horas, se espera que los sectores en conflicto radicalicen sus medidas de presión, incluyendo un posible paro nacional indefinido si no se establece una mesa de negociación que aborde, de manera estructural, la crisis de abastecimiento y el ajuste salarial.