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EE.UU. e Irán congelan las armas y vuelven a negociar en Doha tras un fin de semana de ataques

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La diplomacia de la alta presión se traslada a Qatar. Tras un fin de semana al borde del abismo militar, el presidente estadounidense Donald Trump sorprendió este lunes al anunciar la reanudación inmediata de los contactos directos con el régimen de Teherán. El movimiento busca salvar un frágil pacto de paz que se tambaleó debido a una violenta ola de ataques recíprocos en el Golfo Pérsico.

“¡IRÁN HA SOLICITADO UNA REUNIÓN. ¡TENDRÁ LUGAR MAÑANA EN DOHA!”, sentenció Trump a través de una publicación en su plataforma Truth Social, forzando una nueva fase de negociaciones técnicas en medio de una marcada incertidumbre pública por parte de las autoridades iraníes.

Del ultimátum militar a la tregua en el Estrecho de Ormuz

El sorpresivo acercamiento ocurre apenas 48 horas después de que el propio Donald Trump lanzara una severa advertencia bélica, afirmando que Estados Unidos estaba listo para «completar militarmente el trabajo» si la agresión iraní contra la navegación comercial continuaba. Los enfrentamientos del fin de semana se desencadenaron cuando Teherán atacó de forma directa a barcos cargueros que ensayaban la nueva ruta marítima de la ONU, lo que provocó bombardeos estadounidenses de represalia contra múltiples objetivos estratégicos en suelo iraní.

La madrugada del domingo, la crisis escaló a nivel regional cuando posiciones en Bahréin y Kuwait fueron blanco de proyectiles iraníes, llevando al régimen islámico a amenazar con una «suspensión total» de las conversaciones de paz. Sin embargo, tras intensas consultas diplomáticas tras bambalinas mediadas por el gobierno de Qatar, ambas superpotencias habrían acordado un alto el fuego condicionado a la continuidad de las mesas técnicas.

Contradicciones y pugnas internas en el seno de Teherán

El anuncio de Trump expuso profundas contradicciones políticas dentro del aparato gubernamental iraní. Mientras que el ala negociadora de la Cancillería intenta enfriar las expectativas públicas —con el viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, desmintiendo formalmente ante la agencia oficial IRNA que existieran reuniones técnicas confirmadas en Doha—, la presidencia iraní ha optado por un enfoque marcadamente pragmático.

El incentivo financiero: El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, rompió el hermetismo para elogiar los términos del acuerdo provisional, enfocándose en el histórico alivio económico que representa para sus debilitadas arcas públicas. Pezeshkian calificó el tratado como «una gran victoria para el pueblo iraní», destacando que los compromisos asumidos permitirán la liberación inmediata de 6,000 millones de dólares en activos iraníes que permanecían completamente congelados en los bancos de Qatar debido a las sanciones internacionales.

Los equipos técnicos de la Casa Blanca y Teherán que arriben a Doha tendrán la misión prioritaria de definir la letra chica sobre el tránsito seguro en el Estrecho de Ormuz y blindar los canales de comunicación de emergencia para evitar que un nuevo choque de lanchas rápidas o minas reactive los tambores de guerra en la vía por la que fluye una quinta parte del petróleo mundial.