Los océanos del mundo acaban de cerrar el mes de junio más caluroso desde que se tienen registros oficiales, abriendo la puerta a una escalada térmica sin precedentes para el resto del año 2026. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), el observatorio de la Unión Europea, advirtió este miércoles que el efecto combinado del calentamiento global antropogénico y el desarrollo del fenómeno climático natural de El Niño amenaza con situar al planeta en «territorio desconocido».
De acuerdo con el monitoreo satelital y de boyas marinas del organismo, el primer semestre de 2026 se ha consolidado formalmente como el segundo más cálido de la historia, siendo superado únicamente por el comportamiento extremo registrado durante los primeros seis meses de 2024.
Cifras inéditas en la superficie marina global
Los indicadores de Copernicus revelan un incremento constante en la absorción de energía térmica por parte de las masas de agua, las cuales cubren dos tercios de la superficie planetaria:
- Récord de junio: La temperatura promedio de la superficie oceánica global escaló hasta los 20,98°C durante junio, superando el máximo histórico previo para el mismo mes que se había establecido en junio de 2024 con 20,89°C.
- El Pacífico Tropical en máximos: Impulsado por el inicio de El Niño, el océano Pacífico tropical anotó el primer semestre más cálido de su historia con una media de 26,91°C, rebasando el pico extremo que se mantenía vigente desde el año 2016.
«Las condiciones actuales podrían indicar el inicio de una nueva fase. Con temperaturas oceánicas en estos niveles y El Niño en el horizonte, es probable que veamos cómo se rompen otros récords de temperatura en los próximos meses», advirtió Carlo Buontempo, director del Servicio Copernicus.
El Niño y el factor de los gases de efecto invernadero
Los expertos detallan que el actual repunte de las temperaturas en el centro y este del Pacífico ecuatorial responde directamente a la maduración de El Niño. Este fenómeno meteorológico cíclico calienta las aguas superficiales del Pacífico e induce sequías severas, inundaciones y alteraciones térmicas en múltiples continentes. Los modelos oceanográficos proyectan que, hacia finales de año, este episodio de El Niño podría consolidarse como uno de los más intensos jamás documentados. Simon van Gennip, oceanógrafo de Mercator Ocean International, ratificó que debido a esta dinámica «cabría esperar que 2026 figure entre los años más calurosos jamás registrados».
No obstante, la comunidad científica enfatiza que El Niño actúa como un amplificador sobre una base de degradación ambiental preexistente. La quema indiscriminada de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) genera una acumulación persistente de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Los océanos operan como el principal amortiguador térmico del planeta, absorbiendo aproximadamente el 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas; sin embargo, esta capacidad de retención está alterando drásticamente los ecosistemas marinos.
Olas de calor extremo y anomalías en el Mediterráneo
El panorama pericial de este año muestra un estrés biológico alarmante: el 82% de la superficie oceánica mundial ha experimentado olas de calor marinas en lo que va de año, y casi la mitad de esos eventos han sido catalogados bajo las categorías de «intensos a extremos».
Una de las zonas más críticas se localiza en el mar Mediterráneo, un ecosistema semicerrado y altamente sensible a las variaciones de la atmósfera. Durante el primer semestre, el 98% de la superficie del Mediterráneo sufrió oleadas de calor continuas, alcanzando una temperatura promedio récord de 24,34°C en junio.
De forma particular, el noroeste del Mediterráneo experimentó un pico de intensidad térmica sin precedentes que encendió las alarmas del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) en Barcelona. Las mediciones registraron una anomalía promedio de 5,2°C por encima de los valores normales para la época. Los científicos vinculan de forma directa este calentamiento anómalo con las severas olas de calor atmosférico que han azotado al continente europeo en las últimas semanas. Los expertos advierten que esta acumulación de energía térmica latente en los mares proveerá un excedente de evaporación hacia la atmósfera, creando las condiciones físicas ideales para el desarrollo de futuros episodios de lluvias torrenciales y tormentas extremas en las regiones costeras.

