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El pacto petrolero que sacude a Venezuela: ¿quién gana realmente con los 65.000 millones de barriles?

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Acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela por reservas de 65.000 millones de barriles

El acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela se presenta como uno de los pactos energéticos más ambiciosos y polémicos de los últimos años. Washington obtendría el control mayoritario de proyectos relacionados con más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano.

Estados Unidos y Venezuela anunciaron uno de los acuerdos energéticos más ambiciosos y polémicos de los últimos años. Washington obtendría el control mayoritario de proyectos relacionados con más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano.

La cifra es difícil de dimensionar. Representa cerca del 21,5 % de las reservas probadas de Venezuela. Además, supera las reservas petroleras reconocidas actualmente en Estados Unidos.

Sin embargo, esto no significa que Washington recibirá de inmediato 65.000 millones de barriles. Tampoco quiere decir que ese petróleo ya fue extraído y está disponible.

El crudo permanece bajo tierra. Está distribuido en 17 campos, ubicados principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco y la cuenca del lago de Maracaibo.

Convertir esas reservas en producción comercial será un proceso largo. Para lograrlo se necesitarán inversiones, tecnología, infraestructura y seguridad jurídica.

Este punto es esencial para entender el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela. También permite analizar quién gana realmente y por qué el pacto provoca críticas dentro y fuera de ambos países.

¿En qué consiste el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela?

Negociación bilateral

Donald Trump presentó el pacto como “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”. Según el presidente estadounidense, Washington consiguió el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas.

Trump aseguró que la operación no tendrá costes para los contribuyentes estadounidenses. También afirmó que ampliará el suministro de crudo, fortalecerá las reservas del país y ayudará a reducir el precio de la gasolina a largo plazo.

Delcy Rodríguez ofreció una interpretación diferente. La presidenta encargada de Venezuela no habló de transferir la propiedad del petróleo.

Según su versión, Venezuela conservará la soberanía sobre sus recursos. Mientras tanto, Estados Unidos y varias empresas privadas aportarán capital, tecnología y capacidad operativa.

Rodríguez señaló que el plan incluye el desarrollo de 17 campos. También contempla más de 100.000 millones de dólares en inversión privada y cerca de 209.000 millones de dólares en tributos para Venezuela.

Además, fijó una meta inicial superior a 1,5 millones de barriles diarios. De acuerdo con sus declaraciones, el proyecto bilateral tendrá una duración de 25 años.

La contradicción entre los 25 y los 100 años

Aquí aparece una de las principales dudas del acuerdo.

Caracas habla de una duración de 25 años. Sin embargo, fuentes estadounidenses señalan que una nueva empresa conjunta habría recibido derechos sobre los campos durante un siglo.

El Gobierno estadounidense controlaría cerca del 55 % de esa sociedad. Esa participación combinaría el control accionarial con el derecho a comprar parte del petróleo a precio de costo.

La diferencia entre 25 y 100 años no es un detalle menor. Determina cuánto tiempo estarán comprometidos los campos y quién tomará las decisiones operativas.

También condiciona la capacidad de un futuro Gobierno venezolano para revisar el acuerdo.

Los números todavía no encajan

Si el proyecto produce 1,5 millones de barriles diarios, extraer 65.000 millones de barriles tomaría cerca de 119 años. Ese cálculo supone una producción constante y sin interrupciones.

Por tanto, los 65.000 millones de barriles no representan el petróleo que será extraído durante los primeros 25 años.

La cifra corresponde al volumen de reservas dentro de las áreas sometidas al nuevo esquema de control y explotación.

También existen dudas sobre los 209.000 millones de dólares que recibiría Venezuela en tributos. Al dividir esa cantidad entre los 65.000 millones de barriles, el resultado es de apenas 3,2 dólares por barril.

El economista venezolano, Francisco Rodríguez advirtió sobre esa diferencia. La cifra equivaldría a menos del 5 % de un precio de referencia de 65 dólares por barril. Por esa razón, Rodríguez consideró preocupante que todavía no se conozcan las condiciones económicas completas. No obstante, Delcy Rodríguez afirmó que Venezuela recibiría unos 19 dólares por cada barril producido y vendido.

La contradicción podría tener una explicación. Los 209.000 millones de dólares quizás corresponden solamente a la producción esperada durante los primeros 25 años. Por tanto, no representarían la explotación completa de las reservas. Sin el contrato, el cronograma de producción y el régimen fiscal, ninguna estimación puede considerarse definitiva. También será necesario conocer las regalías, los impuestos y el reparto de dividendos.

¿Qué gana Venezuela con el pacto?

Recuperación de la producción petrolera

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Sin embargo, produce cerca de 1,25 millones de barriles diarios.

La cifra está muy lejos de los más de tres millones de barriles que el país llegó a bombear durante sus mejores años.

La entrada de empresas internacionales podría ayudar a recuperar la producción. Para ello será necesario reparar pozos, oleoductos, mejoradores, refinerías y terminales.

También deberán rehabilitarse los sistemas eléctricos de la industria.

Chevron tendría una ventaja inicial debido a su presencia en Venezuela. Por otra parte, Repsol, Eni, Shell y BP han sido mencionadas como posibles participantes.

Capital y tecnología para la industria

La explotación del crudo extrapesado de la Faja del Orinoco es costosa. Además, requiere procesos técnicos complejos.

La industria necesita diluyentes, equipos especializados y mantenimiento constante. Asimismo, debe contar con una red logística capaz de trasladar el petróleo hasta los mercados internacionales.

Venezuela no tiene actualmente el capital necesario para reparar toda esa estructura.

Una inversión privada de 100.000 millones de dólares permitiría recuperar parte de la capacidad perdida. Al mismo tiempo, evitaría que el Estado venezolano tenga que financiar todo el proceso.

Más ingresos para el Estado

Si el acuerdo genera 209.000 millones de dólares en tributos, Venezuela recibiría una fuente extraordinaria de ingresos.

Esos recursos podrían utilizarse para recuperar hospitales, escuelas y carreteras. También podrían ayudar a mejorar los servicios de electricidad y agua.

Además, el dinero permitiría fortalecer las reservas internacionales. Esto reduciría la necesidad de financiar el gasto mediante la emisión de dinero, una práctica que impulsó la inflación y la depreciación del bolívar.

Sin embargo, ese beneficio no está garantizado.

El petróleo puede producir riqueza, pero no asegura que esa riqueza llegue a la población. Para conseguirlo serán necesarias reglas fiscales claras y auditorías independientes.

También deberán publicarse los contratos y el destino de cada dólar recibido.

Empleo en las regiones petroleras

La reactivación de los campos puede generar miles de empleos en Zulia, Monagas, Anzoátegui y Falcón. Otras regiones petroleras también recibirían parte de ese impacto.

Los beneficios no se limitarían a los trabajadores de los campos. El aumento de la actividad crearía oportunidades en transporte, construcción, metalmecánica y mantenimiento.

Además, impulsaría los sectores de alimentación, alojamiento y servicios.

No obstante, los contratos deberán exigir la capacitación y contratación de trabajadores venezolanos. También tendrán que garantizar la participación de proveedores nacionales.

De lo contrario, una parte importante de los beneficios podría quedar en manos de compañías extranjeras.

Normalización económica y financiera

El acuerdo representa un giro radical en las relaciones entre Caracas y Washington.

Si el pacto viene acompañado de estabilidad política, Venezuela podría recuperar mercados e inversiones. Un levantamiento sostenible de las sanciones también facilitaría el acceso al crédito y al sistema financiero.

Esta normalización podría tener un impacto incluso mayor que el petróleo.

¿Qué gana Estados Unidos?

Acceso a una enorme fuente de crudo

Venezuela está mucho más cerca de Estados Unidos que los proveedores de Oriente Medio. En consecuencia, el transporte resulta más rápido y menos costoso.

El acuerdo también puede fortalecer la seguridad energética estadounidense. Ese aspecto es importante en un contexto marcado por tensiones internacionales.

Asimismo, Washington reduciría su exposición a interrupciones en el estrecho de Ormuz. También dependería menos de productores con intereses políticos diferentes.

El petróleo pesado que necesitan sus refinerías

Estados Unidos produce grandes cantidades de petróleo ligero mediante el fracking. Sin embargo, muchas refinerías de la costa del Golfo fueron diseñadas para procesar crudos pesados.

El petróleo venezolano puede complementar la producción estadounidense. Además, podría sustituir parte del crudo pesado procedente de Canadá, México y Oriente Medio.

Esta compatibilidad industrial es uno de los beneficios más concretos del pacto.

Posible reducción del precio de la gasolina

Una mayor oferta de petróleo venezolano puede ejercer presión a la baja sobre los precios internacionales. También podría mejorar los márgenes de las refinerías estadounidenses. Sin embargo, los resultados no serán inmediatos.

Los analistas Phil Flynn y Andy Lipow han señalado que aumentar la producción tomará tiempo. Primero deberán rehabilitarse las instalaciones y firmarse los contratos. Después será necesario atraer suficiente capital. Por tanto, el anuncio puede influir en las expectativas del mercado. Aun así, los nuevos barriles tardarán años en llegar.

Hakeem Jeffries, líder demócrata de la Cámara de Representantes, cuestionó la promesa de Trump. Jeffries consideró “muy improbable” que el acuerdo reduzca el precio de la gasolina a corto plazo.

Contratos para compañías estadounidenses

Chevron, Halliburton y otras empresas de servicios podrían conseguir contratos de largo plazo. Estas compañías operarían en una de las mayores provincias petroleras del planeta.

Para Washington, el beneficio no sería solamente recibir petróleo. Estados Unidos también podría exportar tecnología, equipos y servicios profesionales. Como resultado, el acuerdo generaría ganancias y empleos dentro de su territorio.

Menor influencia de China, Rusia e Irán

El aislamiento de Venezuela permitió que China, Rusia e Irán ampliaran su presencia en la industria energética nacional.

El nuevo pacto desplazaría ese eje hacia Estados Unidos.

Desde la perspectiva de Washington, controlar una parte importante de la producción venezolana representa una victoria geopolítica. Además, fortalece su posición dentro del mercado energético del hemisferio occidental.

Marco Rubio calificó el acuerdo como beneficioso para ambos países. Según el secretario de Estado, aportará petróleo estable y de bajo costo a Estados Unidos.

Al mismo tiempo, movilizará inversiones y generará empleos en Venezuela.

Las críticas venezolanas: soberanía y legalidad

Henrique Capriles, politico oposito venezolano y ex candidato presidencial, reconoció que Venezuela necesita inversión y empleos. Sin embargo, exigió conocer la base jurídica del acuerdo. También pidió aclarar qué entregará Venezuela, cuánto recibirá y bajo qué condiciones.

Su planteamiento resume una preocupación compartida por muchos venezolanos. No basta con prometer inversiones. El contrato debe estar disponible para el escrutinio público.

Juan Pablo Guanipa, dirigente nacional del partido opositor venezolano Primero Justicia, también cuestionó la legitimidad y transparencia del proceso.

Por su parte, el expresidente de PDVSA Rafael Ramírez calificó el pacto como un posible despojo de los recursos nacionales.

Ramírez considera que Trump intenta presentar el caso venezolano como un éxito político antes de las elecciones legislativas estadounidenses. Según su análisis, la rapidez del anuncio responde más a una necesidad electoral que a una estrategia petrolera de largo plazo.

Aunque estas críticas proceden de sectores políticos diferentes, coinciden en tres preguntas.

¿Puede un Gobierno interino comprometer campos estratégicos durante décadas? ¿Se respetaron los procedimientos constitucionales? ¿Por qué no se publicó el texto completo del acuerdo?

Las contradicciones dentro de Estados Unidos

La congresista republicana María Elvira Salazar cuestionó inicialmente el pacto. Además, advirtió que un acuerdo firmado con Delcy Rodríguez no tendría estabilidad sin un Gobierno elegido democráticamente.

Horas después retiró aquella publicación. Luego presentó la operación como una herramienta para reducir la influencia china.

Aunque terminó respaldando la iniciativa, Salazar mantuvo una objeción. A su juicio, Delcy Rodríguez no es la persona adecuada para garantizar la legitimidad y permanencia del acuerdo.

Su posición refleja el dilema de una parte del Partido Republicano.

El pacto coincide con la estrategia energética y geopolítica de Trump. Sin embargo, implica reconocer como socia a una dirigente procedente del mismo poder chavista que Washington combatió durante años.

Los demócratas también expresaron sus dudas. Principalmente, cuestionan la promesa de reducir rápidamente el precio de la gasolina.

Además, critican la falta de control legislativo sobre una operación que daría al Gobierno estadounidense participación directa en una compañía petrolera extranjera.

El principal riesgo para Venezuela

El acuerdo puede convertirse en una oportunidad real para Venezuela. El país necesita inversión, tecnología, empleos y acceso estable a los mercados.

Estados Unidos también tiene razones económicas para buscar petróleo venezolano. Es un crudo pesado, cercano y compatible con sus refinerías.

Sin embargo, una oportunidad económica no elimina los riesgos políticos.

Una concesión de hasta 100 años sería difícil de justificar sin aprobación institucional. También requeriría debate público y reglas capaces de mantenerse ante futuros cambios de gobierno.

Por otra parte, las empresas no invertirán 100.000 millones de dólares basándose únicamente en una declaración presidencial.

Los inversionistas exigirán garantías legales y seguridad física. Asimismo, pedirán libertad para repatriar dividendos y protección ante posibles expropiaciones.

Las dudas sobre el futuro de PDVSA

La situación de PDVSA es otra pieza central del acuerdo.

Hasta ahora, no se ha explicado cuál será la participación de la empresa estatal. Tampoco se conoce qué ocurrirá con sus activos.

Además, falta aclarar cómo serán distribuidos los ingresos. El reparto involucraría a PDVSA, la nueva sociedad, los operadores privados y el Gobierno estadounidense.

Sin esas respuestas, resulta imposible calcular el beneficio real que recibirá Venezuela.

Una oportunidad histórica que exige transparencia

El acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela puede ayudar a reconstruir la industria venezolana. También podría estabilizar la economía y generar ingresos que el país necesita con urgencia.

Por su parte, Estados Unidos obtendría mayor seguridad energética. Además, tendría acceso a un petróleo adecuado para sus refinerías y reforzaría su posición geopolítica en el Caribe.

Sin embargo, los beneficios anunciados todavía son proyecciones.

Los 65.000 millones de barriles permanecen bajo tierra. Los 100.000 millones de dólares de inversión aún deben materializarse. Asimismo, la reducción del precio de la gasolina no ocurrirá de un día para otro.

La discusión no debería limitarse a decidir si el pacto representa una entrega de soberanía o una salvación económica.

La pregunta central es otra: ¿está diseñado para que ambos países reciban beneficios justos, verificables y sostenibles?

Para responderla será necesario publicar el contrato e identificar a todas las empresas participantes. También se deberá aclarar la diferencia entre los 25 y los 100 años.

Además, Washington y Caracas tendrán que explicar el supuesto control estadounidense del 55 %. Finalmente, deberán informar cuánto recibirá Venezuela por regalías, impuestos, dividendos y por cada barril vendido.

Si el acuerdo es tan beneficioso como aseguran Trump y Rodríguez, la transparencia debería fortalecerlo. No tendría por qué ponerlo en peligro.

Pero si sus condiciones no resisten el escrutinio público, su tamaño no lo convertirá en histórico por sus beneficios. Podría hacerlo por las consecuencias que dejará durante varias generaciones.