Condenan por tercera vez a madre de ‘Baby Lollipops’ por torturar y matar a su hijo

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Baby Lollipops
Ana María Cardona, condenada a cadena perpetua por la tortura y asesinato de su hijo Lázaro, conocido como ‘Baby Lollipops”, reacciona al escuchar el veredicto de culpabilidad este miércoles. Su abogado, Steven Yemish, trata de calmarla. Carl Juste cjuste@miamiherald.com

(Miaminews24).- Por tercera vez, un jurado de Miami ha declarado culpable a la madre del niño conocido como ‘Baby Lollipops’ por torturar y matar al niño en 1990.

Ana María Cardona fue declarada culpable el miércoles de asesinato en primer grado y abuso infantil con agravantes por la muerte en 1990 de su hijo de 3 años, Lázaro Figueroa. Cardona fue sentenciada de inmediato a cadena perpetua, pero no sin antes escuchar palabras severas de boca del juez, y entonces tuvo un arrebato emocional.

“No creo que usted se reunirá con Lázaro en la otra vida. Lo que usted hizo fue monstruoso. No puedo creer la existencia terrible que usted le dio a Lázaro en el último año de su vida”, le dijo el juez de circuito de Miami-Dade Miguel de la O.

“Hay animales salvajes que muestran más cariño por sus crías que la que usted le mostró a Lázaro”.

Cardona se puso de pie, y como ha hecho durante más de dos décadas, se presentó como una víctima.

“¡Yo no maté a mi hijo! ¡Yo no torturé a mi hijo”, dijo Cardona en español. “A lo mejor usted no me cree. Usted no siente mi dolor. ¡Nadie podía querer a mi hijo más que yo!”

El juez De la O, quien enfatizó en que Cardona tuvo un juicio justo, respondió contundentemente: “No tengo la menor duda de que el jurado hizo lo correcto”.

Otros dos jurados habían declarado culpable previamente a Cardona, que ahora tiene 56 años, y la habían condenado a muerte. Pero la Corte Suprema de la Florida anuló los fallos de culpabilidad y los fiscales decidieron no solicitar la pena de muerte en este, el tercer juicio.

El jurado deliberó menos de tres horas antes de declarar culpable a Cardona, quien quedó boquiabierta de asombro antes de cubrirse el rostro con las manos al escuchar el veredicto.

La brutalidad del asesinato estremeció al sur de la Florida. El cadáver macilento y lleno de golpes de Lázaro fue descubierto entre los arbustos de una casa en un vecindario bien de Miami Beach. Los detectives que trataban de identificar al niño lo llamaron Baby Lollipops por el diseño de la camiseta que tenía puesta.

Los investigadores arrestaron pronto a Cardona, quien había huido con su amante y sus otros dos hijos a Orlando después de deshacerse del cadáver.

Los fiscales trataron de presentar a Cardona como una mujer adicta a la cocaína que se había acostumbrado a un estilo de vida de lujo como amante de un narcotraficante, el padre de Lázaro. Pero cuando mataron al hombre, Cardona gastó las decenas de miles de dólares que le quedaban y entonces tuvo que vivir de la caridad de otros mientras albergaba ira hacia el niño, símbolo de todo lo que había perdido, dijeron los fiscales.

“Ella la tomó con un niño inocente”, dijo el fiscal Reid Rubin.

Durante el juicio, los jurados escucharon a varios amigos y conocidos quienes declararon que Cardona maltrataba al niño y muchas veces lo dejaba al cuidado de otros, lo hacía pasar hambre y lo golpeada.

Pero las pruebas cruciales fueron las del médico forense: evidencias de la letanía de lesiones que sufrió y una malnutrición severa.

Repetidas golpizas le habían afectado el tejido entre los labios y las encías, lo que le hacía muy doloroso comer, beber y hablar. Lázaro también tenía el brazo izquierdo doblado permanentemente en 90 grados. Le habían golpeado la cabeza repetidas veces hasta seccionarle el tallo cerebral, y el pañal que tenía puesto, todo sucio, estaba ajustado al cuerpo con cinta adhesiva, lo que le había provocado una infección. Al morir, Lázaro pesaba 18 libras.

“Desde los pies hasta el cerebro, este niño fue objeto de torturas y abuso”, dijo Rubin.

Los jurados rechazaron el testimonio de Cardona. En una presentación agresiva y donde a veces lloró, Cardona negó haber maltratado a su hijo y culpó a su antigua amante, Olivia González Mendoza.

Las dos mujeres vivieron en una casa tras otra con Lázaro y los otros dos hijos de Cardona, hasta que finalmente acabaron en un pequeño apartamento en Miami. Cardona alegó que los dueños del apartamento no le permitían un tercer hijo, de manera que González entregó a Lázaro a un “amigo” desconocido, quien lo tuvo durante los dos o tres meses antes de morir.

Cardona dijo repetidas veces que González era un “monstruo” y una “asesina” quien la obligó a tener una relación sexual al ofrecerle a ella a sus hijos un lugar donde vivir. “Ella estaba en una relación abusiva que consideraba inevitable porque la estaban manteniendo”, dijo el abogado defensor Steven Yermish.

González, quien se declaró culpable y fue la testigo de cargo en el primer juicio en 1992, cumplió 16 años de una condena de 40. Ni los fiscales ni los abogados defensores la llamaron como testigo en este juicio.

Fuente: Miami Herald