La intervención de Donald Trump tras el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl LX no fue un simple comentario de audiencia; fue un despliegue de su visión política sobre la identidad estadounidense. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario articuló una crítica que desbordó lo musical para adentrarse en la confrontación ideológica, estructurada bajo los siguientes ejes:
Para Trump, el hecho de que el show fuera íntegramente en español representó una desconexión inaceptable con la esencia del evento. Su frase “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo” buscó deslegitimar la presencia latina en el horario estelar, sugiriendo que el bilingüismo o la predominancia del español atentan contra la cohesión cultural que, según su doctrina, debe regir en los grandes hitos de la nación.
El presidente utilizó una retórica de rechazo absoluto, empleando adjetivos como “asqueroso” y “absolutamente terrible”.
- Proteccionismo infantil: Trump apeló a la sensibilidad familiar, alegando que el tono y las coreografías urbanas resultaban inapropiadas para los niños.
- La traición a la «Excelencia»: Definió la actuación como una “bofetada en la cara” para el país, contraponiendo el arte de Benito frente a sus conceptos de “éxito, creatividad y excelencia”. Para Trump, el Super Bowl debe ser una vitrina de poder tradicional estadounidense, no un espacio de experimentación cultural caribeña.
Fiel a su narrativa habitual, Trump se adelantó a la recepción de la prensa. Acusó a los “medios de noticias falsas” (Fake News Media) de estar desconectados del “mundo real” y de elogiar el show únicamente por motivos de corrección política. Al vincular el debate con indicadores económicos (como los récords bursátiles), intentó desviar la conversación desde el impacto cultural hacia su gestión financiera, sugiriendo que el «caos» del medio tiempo contrastaba con la «grandeza» de su administración.

