El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio un giro repentino en su estrategia de presión económica contra Cuba al eliminar los aranceles planeados para los países que vendan petróleo a la isla, apenas semanas después de haberlos anunciado en una orden ejecutiva.
La medida, firmada el 20 de febrero de 2026, puso fin al mecanismo que autorizaba la imposición de gravámenes adicionales sobre cualquier nación que vendiera o suministrara petróleo, directa o indirectamente, a Cuba, y que había sido habilitado a finales de enero bajo la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales (IEEPA).
El cambio de política ocurre justo después de que la Corte Suprema de Estados Unidos declarara ilegales la mayoría de los aranceles basados en esa misma ley, lo que obligó al gobierno a ajustar sus acciones para evitar enfrentamientos legales y comerciales.
Un cambio que mantiene tensiones
Aunque los aranceles petroleros quedaron sin efecto, la Casa Blanca mantiene activa la declaración de “emergencia nacional” contra el gobierno cubano, una declaración que da fundamentos a otras medidas económicas y políticas más allá de los impuestos aduaneros.
Expertos en política internacional señalan que esta decisión podría ser una jugada táctica para aliviar presiones jurídicas, sin renunciar del todo a las intenciones de aumentar la presión sobre La Habana y sus aliados económicos.
Pese a la eliminación de los aranceles petroleros, otros mecanismos de presión, como controles financieros o restricciones a bienes específicos, podrían continuar siendo utilizados por la administración estadounidense, según analistas. Esto mantiene un ambiente de incertidumbre en el comercio hemisférico y las relaciones diplomáticas con países de América Latina y el Caribe.
Reacciones en la región
La respuesta de líderes y gobiernos latinoamericanos no se hizo esperar. Algunos países habían manifestado previamente rechazo a la imposición de aranceles a naciones que mantienen relaciones comerciales con Cuba, argumentando que tales medidas impactan a toda la región y no solo a La Habana.
Mientras tanto, en la propia isla caribeña, la política de Washington fue profundamente criticada como una maniobra que podría agravar la crisis energética y económica de los cubanos, aunque el reciente ajuste podría suavizar algunas consecuencias inmediatas al no aplicar aranceles a terceros Estados.
Impacto y proyección
Para Miami y el sur de Florida, donde las comunidades latinas siguen de cerca las tensiones entre EE. UU. y Cuba, este nuevo giro en la política de Washington impacta tanto en el debate político como en las expectativas sobre el futuro de las relaciones bilaterales. El cambio sugiere que la administración estadounidense busca balancear presiones legales internas con objetivos geopolíticos externos, dejando abierta la puerta a nuevas medidas en el futuro cercano.

