El megaproyecto del presidente Donald Trump para dotar a la Casa Blanca de un salón de baile de clase mundial recibió este jueves un espaldarazo judicial decisivo. El magistrado federal Richard Leon desestimó la demanda presentada por el Fondo Nacional para la Preservación Histórica, que buscaba suspender las obras alegando daños irreparables al patrimonio arquitectónico de la mansión presidencial.
El juez Leon calificó los argumentos del grupo conservacionista como un «conjunto desordenado de teorías», determinando que es poco probable que la acción judicial prospere en su forma actual. Este fallo permite que la construcción, que ya ha transformado el paisaje del Ala Este, continúe según el cronograma previsto.
Un proyecto de 400 millones con capital privado
A través de su plataforma Truth Social, el presidente Trump celebró la decisión judicial, calificándola como una victoria para la «grandeza de Estados Unidos». El mandatario enfatizó dos puntos clave que han estado en el centro del debate público:
- Cero costo público: Trump reiteró que la obra, valorada en 400 millones de dólares, se financia exclusivamente mediante donaciones privadas y no con fondos de los contribuyentes.
- Funcionalidad de Estado: El nuevo salón está diseñado para albergar cenas de gala, visitas de dignatarios extranjeros e incluso futuras investiduras presidenciales, con una capacidad de entre 650 y 1,000 invitados.
La controversia por el Ala Este
Pese al respaldo judicial y el visto bueno de la Comisión de Bellas Artes, historiadores y conservacionistas mantienen su indignación por la demolición del Ala Este original iniciada el pasado octubre. Los críticos sostienen que la obra:
- Vulneró procedimientos: Afirman que se actuó sin el aviso previo requerido ni el aval del Congreso para intervenir un área de alto valor simbólico.
- Riesgo estético: Argumentan que el nuevo complejo podría «competir visualmente» con el diseño icónico del edificio principal de la Casa Blanca.
- Costos al alza: La inversión estimada inicialmente en 200 millones de dólares se ha duplicado durante las revisiones de diseño hasta alcanzar los 400 millones actuales.
Hacia un «símbolo de grandeza»
Para la administración Trump, el salón de baile no es solo una adición logística, sino un legado arquitectónico. Según el presidente, las obras avanzan con antelación y bajo presupuesto, asegurando que la estructura permanecerá como un testimonio de su visión para la sede del Ejecutivo.
Tras el fallo del juez Leon, el Fondo Nacional para la Preservación Histórica no ha descartado presentar una versión enmendada de su demanda, aunque el avance físico de la obra —que ya es visible en los terrenos de la Casa Blanca— hace que cualquier freno futuro sea cada vez más complejo desde el punto de vista legal.

