En una declaración que ha sacudido los cimientos de la geopolítica regional, el presidente Donald Trump confirmó este viernes que su administración mantiene negociaciones directas con el régimen cubano. Antes de partir de la Casa Blanca, el mandatario insinuó que la asfixia económica de la isla podría derivar en una «toma de control amistosa y controlada» por parte de Estados Unidos.
«El Gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen nada», afirmó Trump ante los medios. «Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa de Cuba después de muchos, muchos años».
Diplomacia en las sombras: La conexión Rubio-Castro
Las declaraciones del presidente coinciden con informes que sitúan al equipo del secretario de Estado, Marco Rubio, en reuniones clave durante la cumbre del Caricom. Según fuentes diplomáticas, el entorno de Rubio habría mantenido contactos con el nieto de Raúl Castro para discutir un plan de alivio de sanciones a cambio de cambios estructurales en la isla, bajo un esquema de cumplimiento «mes a mes».
Este acercamiento ocurre a pesar de que Rubio ha sido históricamente uno de los críticos más férreos del sistema comunista, sugiriendo que la administración busca una transición tutelada más que un derrocamiento violento.
Combustible para el sector privado: El nuevo «Caballo de Troya»
Como parte de esta estrategia de acercamiento condicionado, la administración Trump anunció planes para permitir que compañías energéticas estadounidenses envíen combustible directamente a empresas privadas cubanas.
- Objetivo: Fomentar la dependencia energética de la isla hacia EE. UU.
- Efecto: Fortalecer al sector privado frente a las empresas estatales controladas por el Partido Comunista.
- Contexto: Tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela —principal proveedor de crudo de la isla—, Cuba enfrenta su crisis energética más severa en décadas.
El incidente de la lancha y la calma inesperada
Curiosamente, la retórica agresiva de La Habana ha bajado de tono tras el reciente tiroteo mortal que involucró a una embarcación de Florida y que dejó cuatro muertos. Aunque el régimen calificó inicialmente a los tripulantes de «terroristas», el viceministro Carlos Fernández de Cossío destacó la disposición de Washington para cooperar en el esclarecimiento de los hechos.
Este cambio en la narrativa sugiere que ambas capitales están priorizando la mesa de negociación por encima de la confrontación por el incidente fronterizo, evitando que el episodio descarrile los diálogos sobre el futuro político de la isla.
Un escenario de incertidumbre
Para los observadores internacionales, el concepto de una «toma amistosa» planteado por Trump es ambiguo: podría referirse a un protectorado económico, una transición pactada o una apertura masiva de inversiones estadounidenses que neutralice la influencia del Estado cubano. Lo que es claro es que, tras la captura de Maduro en Venezuela, Cuba se encuentra en una posición de vulnerabilidad que la administración Trump parece decidida a capitalizar antes de que termine el primer trimestre de 2026.

