El rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima de los Países Bajos inician este lunes una visita oficial a Washington que ha desatado una tormenta de opiniones en su país. Invitados personalmente por el presidente Donald Trump —tras el trato preferencial que este recibió en su visita a los Países Bajos el año pasado—, los monarcas se alojarán en la Casa Blanca, un honor inusual que ha sido calificado por la sátira neerlandesa como una «fiesta de pijamas» en medio de un polvorín geopolítico.
El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, acompañará a los reyes en la cena de gala de esta noche. Jetten, un líder visto como el estandarte del progresismo pragmático, enfrenta duras críticas en el Senado de su país por no cancelar el viaje tras las amenazas de Trump de atacar objetivos civiles en Irán.
- La postura del Gobierno: Jetten defiende que, precisamente en momentos de tensión por la guerra en Irán, el futuro de la OTAN y las pretensiones de Trump sobre Groenlandia, es más útil mantener «una conversación seria» que optar por el aislamiento.
- La reacción social: Mientras algunos ciudadanos ven el viaje como un acto de «debilidad» ante un «abusador», otros, como el pescadero John van der Toorn, prefieren mantener una postura neutral: «Dejen que hagan lo suyo».
Un protocolo excepcional
Dormir en la Casa Blanca es un privilegio que rara vez se otorga a líderes mundiales, quienes suelen hospedarse en la cercana Blair House. Este gesto de Trump subraya su interés por cultivar lazos con las monarquías europeas, un patrón que se repetirá a finales de mes con la visita del rey Carlos III y la reina Camila, a pesar de sus roces públicos con el primer ministro británico Keir Starmer.
El rol de la monarquía en la era Trump
Expertos sugieren que las visitas reales sirven para recordar los lazos históricos profundos que van más allá de los mandatarios de turno. Sin embargo, para gran parte de la opinión pública neerlandesa, enviar a sus máximos representantes a Washington en este momento se siente «absurdo». La visita continuará en los próximos días hacia Filadelfia y Miami, donde los reyes buscarán centrar la agenda en temas comerciales y culturales, lejos de los focos de conflicto que hoy dominan la capital estadounidense.

