En un avance diplomático tan crucial como frágil, Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo provisional para poner fin a la guerra de varios meses que mantiene en vilo a Medio Oriente. Altos funcionarios de ambas administraciones confirmaron este jueves la existencia de un «acuerdo marco», aunque advirtieron que el texto final se encuentra bajo un estricto análisis por parte del presidente Donald Trump y sus contrapartes en Teherán antes de recibir una ratificación definitiva.
La filtración del pacto, reportada inicialmente por el portal Axios, se materializó inmediatamente después de una noche crítica en la que las fuerzas estadounidenses e iraníes intercambiaron fuego de misiles y drones, evidenciando la extrema debilidad del alto el fuego declarado originalmente en el mes de abril.
Las líneas rojas de la Casa Blanca
Desde Washington, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó a los periodistas de la Casa Blanca que el acuerdo provisional es «multifacético» pero enfatizó que el presidente Trump no aceptará concesiones que debiliten la posición norteamericana. “Tiene varias líneas rojas. No va a aceptar un mal acuerdo”, sentenció Bessent.
La administración estadounidense ha condicionado cualquier avance a dos exigencias innegociables que hasta ahora habían bloqueado los diálogos:
- Apertura total de Ormuz: Irán debe reabrir de inmediato el Estrecho de Ormuz, la vía marítima por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y cuyo cierre ha desbocado los precios globales del crudo.
- Desmantelamiento nuclear: Teherán debe comprometerse a entregar la totalidad de su uranio altamente enriquecido y renunciar formalmente a cualquier programa de desarrollo nuclear.
Asfixia económica y la batalla por los activos congelados
Mientras se evalúa el documento, el Departamento del Tesoro ratificó que la estrategia de presión financiera contra el régimen iraní no se detendrá. Bessent detalló en sus redes sociales que el bloqueo marítimo de la Marina de EE. UU. sigue ahogando las exportaciones de crudo de Teherán, provocando retrasos en los pagos militares y deserciones en las fuerzas policiales iraníes. Asimismo, se alistan medidas para vetar el acceso de las aerolíneas iraníes a pistas de aterrizaje, reabastecimiento y venta de boletos a nivel internacional.
Por su parte, el liderazgo iraní mantiene su propia postura inamovible respecto a la contraparte económica. Ali Bagheri Kani, secretario adjunto del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, declaró a la agencia rusa RIA Novosti que “los activos de Irán deben ser devueltos en su totalidad e incondicionalmente”, en referencia a los miles de millones de dólares soberanos congelados en el extranjero.
Trump respondió con dureza a esta exigencia, asegurando que EE. UU. mantendrá el control de esos fondos. «Cuando se comporten correctamente y hagan lo correcto, les dejaremos tener su dinero. Pero por ahora, no lo haremos”, recalcó, mostrando total confianza en su capacidad de negociación al comparar este conflicto con guerras históricas más largas como Vietnam o Afganistán. «Nosotros llevamos unos meses», minimizó el mandatario de cara a las elecciones de mitad de período.
Radiografía de una noche de hostilidades
El acuerdo provisional se redactó bajo el humo de los impactos militares de la noche anterior:
- El zarpazo en Bandar Abbas: El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) derribó cinco drones de ataque suicidas iraníes que amenazaban la navegación en el Estrecho de Ormuz, y ejecutó un bombardeo defensivo contra una instalación de lanzamiento en Bandar Abbas para neutralizar un sexto dron antes de su despliegue.
- Represalia en Kuwait: El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) respondió disparando un misil balístico contra una base aérea estadounidense en Kuwait. Las fuerzas de defensa kuwaitíes interceptaron el proyectil con éxito antes de causar daños. El CGRI emitió un comunicado advirtiendo que “si la agresión se repite, nuestra respuesta será más contundente”.
El factor Israel y la violenta escalada en el Líbano
La posibilidad de consolidar este acuerdo marco se enfrenta al complejo tablero de alianzas regionales. Los intentos de Trump por cerrar el trato coinciden con la presión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para continuar la ofensiva militar, a pesar de que la Casa Blanca ha exigido a países como Arabia Saudita y Catar acelerar la normalización de relaciones con Israel bajo los Acuerdos de Abraham.
Paralelamente, el frente norte de Israel con Hezbollah ha entrado en una fase de devastación:
- Ataque en Beirut: Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ejecutaron un bombardeo en las afueras de Beirut dirigido contra Ali al-Husseini, comandante de la unidad de misiles de Hezbollah. El ataque en un suburbio de la capital libanesa cobró la vida de una mujer y dos niños, dejando 15 heridos.
- Ampliación de zona de combate: Israel atacó la ciudad portuaria de Sidón y ordenó la evacuación más allá del río Zahrani, declarando como zona de conflicto el 15% del territorio del Líbano.
- Presión interna: Tras la muerte de un soldado israelí (elevando la cifra de bajas de las FDI a 24), el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, exigió radicalizar la campaña: “Por cada dron que golpee a uno de nuestros soldados, deben derrumbarse 100 edificios”.
Bajo este clima de alta tensión, delegaciones militares de Israel y el Líbano tienen previsto reunirse este viernes en el Pentágono bajo la mediación directa de Estados Unidos para intentar destrabar las conversaciones políticas.
