Por primera vez desde el pasado mes de marzo, el precio promedio del galón de gasolina regular en los Estados Unidos rompió la barrera psicológica de los 4 dólares, situándose este jueves en un promedio nacional de USD 3,99, según los datos más recientes publicados por el club automovilístico AAA.
El descenso inmediato en las estaciones de servicio se registró pocas horas después de que el presidente Donald Trump firmara un acuerdo marco provisional con Irán, el cual exige a Teherán la dilución de sus reservas de uranio altamente enriquecido a cambio del levantamiento gradual de las sanciones económicas respaldadas por Washington. El anuncio geopolítico provocó un desplome del 15% en el precio del crudo estadounidense en lo que va de mes, arrastrando el barril de referencia a la banda de los 80 dólares (lejos del pico de USD 120 alcanzado en el peor momento de las hostilidades).
Fuertes disparidades estatales en los precios
A pesar del alivio generalizado que reporta la AAA, el mercado de combustibles en Estados Unidos continúa mostrando una enorme brecha de precios dependiendo de la regulación y los impuestos de cada estado:
- El extremo costoso: En California, los conductores siguen enfrentando los precios más altos del país, con un promedio de USD 5,64 por galón.
- El extremo económico: En la costa este, estados como Carolina del Sur registran los costos más bajos, promediando apenas USD 3,58 por galón.
Logística en crisis: El petróleo tardará meses en fluir por Ormuz
Aunque el acuerdo marco contempla un cese a las hostilidades y abre un periodo técnico de negociación de 60 días, analistas financieros advierten que los consumidores no deben esperar una caída drástica y prolongada de los precios a corto plazo. La normalización del suministro global se enfrenta a severos cuellos de botella logísticos:
Las plantas refinadoras compran el crudo con un mes o más de anticipación. Por ende, el combustible que se está procesando y distribuyendo actualmente fue adquirido a los precios elevados de las semanas anteriores.
Asimismo, restablecer el tránsito en el Estrecho de Ormuz —por donde circulaba una quinta parte del crudo mundial antes del conflicto— tomará semanas o meses. Cientos de buques mercantes continúan varados en el Golfo Pérsico esperando que se habiliten corredores seguros de navegación. Además, las navieras internacionales se muestran cautas a la hora de enviar sus flotas, evaluando si el peligro de ataques o la presencia de minas en la zona realmente ha disminuido.
Las empresas han advertido que los sobrecostos de transporte generados por la guerra —que afectó los suministros de alimentos, fertilizantes y calzado— seguirán impactando los precios finales de consumo durante la temporada de verano.

