La historia volvió a repetirse de la forma más cruel para la Seleção. En el Estadio MetLife de Nueva Jersey, el sueño de Brasil de romper su sequía de 24 años sin títulos mundiales se desmoronó en los octavos de final de la Copa del Mundo 2026. En una tarde gris, el combinado sudamericano cayó 2-1 ante una Noruega en pleno auge, extendiendo una maldición maldita: desde que la «Triple R» (Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo) levantó la copa en Yokohama 2002, Brasil ha sido incapaz de eliminar a un rival europeo en las rondas del KO de un Mundial.
Ni siquiera la llegada de Carlo Ancelotti, el primer técnico extranjero en comandar a Brasil en una cita de este calibre, pudo quebrar el bucle. Un doblete agónico del implacable Erling Haaland sentenció a los pentacampeones, provocando su eliminación más prematura en una Copa del Mundo desde Italia 1990.
La polémica decisión de Vinícius en el manchón penal
El desarrollo del encuentro estuvo marcado por una decisión táctica y psicológica a los 14 minutos del primer tiempo que desató la indignación de la torcida brasileña y que costará cuatro años de debates en el país del fútbol. Tras una barrida sobre Matheus Cunha dentro del área que el VAR convalidó como penal, Vinícius Júnior —quien llegó al partido como el artillero del equipo con cuatro dianas— tomó el balón en sus manos.
Todo el estadio asumió que la estrella del Real Madrid ejecutaría el cobro ante la ausencia de Neymar en ese tramo del juego y la baja por lesión de Raphinha. Sin embargo, en una acción incomprensible, Vinícius le cedió el esférico a Bruno Guimarães. El mediocampista ejecutó con pasos cortos y entrecortados, permitiendo que el arquero noruego, Orjan Nyland, se lanzara hacia su izquierda para detener el disparo. Fue el primer penal fallado por Brasil en tiempo regular en un Mundial desde 1986.
«Llevamos a cabo un estudio estadístico durante un año que determinó que, con Neymar fuera del campo, Guimarães era el mejor para patear», justificó Carlo Ancelotti tras el pitazo final. «Hay que ver la derrota como el comienzo de una nueva aventura; esto no es el final, sino el inicio de un nuevo ciclo hacia 2030».
Haaland dicta sentencia y Neymar maquilla tarde el resultado
En lo estrictamente futbolístico, Brasil lució errático y entregó por completo la iniciativa a la escuadra escandinava, que dominó la posesión de la pelota en el mediocampo. Aunque Vinícius Júnior intentó romper líneas con proyecciones verticales por la banda izquierda, las imprecisiones de los delanteros en el último cuarto de cancha resultaron alarmantes.
Hacia el cierre del encuentro, Noruega capitalizó el desconcierto defensivo de la Canarinha. El «Androide» Erling Haaland frotó la lámpara y firmó un doblete fulminante en los últimos minutos de juego, aprovechando los espacios de un Brasil volcado al ataque. Ya en el quinto minuto del tiempo añadido, Neymar descontó desde el punto penal, pero el silbatazo final llegó de inmediato, sepultando las aspiraciones del gigante sudamericano en los pantanos de Nueva Jersey y obligando al fútbol brasileño a replantear su estructura de cara al ambicioso Mundial de 2030.

