Cada 10 de octubre, el mundo se detiene —aunque sea por un instante— para hablar de lo que suele callarse: la salud mental. El Día Mundial de la Salud Mental, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1992, no es solo una fecha conmemorativa, sino un llamado urgente a reconocer que el bienestar emocional es un derecho humano, no un lujo. En 2025, el lema global se centra en “Salud mental en emergencias humanitarias”, una campaña que alerta sobre la necesidad de atender a quienes enfrentan crisis extremas, desde conflictos armados hasta desastres naturales y desplazamientos forzados.
La salud mental influye directamente en cómo pensamos, sentimos y actuamos. Afecta nuestras relaciones, decisiones, desempeño laboral y calidad de vida. Sin embargo, sigue siendo un tema relegado, en parte por la normalización del estrés, la autoexigencia y la falta de espacios seguros para hablar sobre lo que sentimos. Según la OMS, una de cada ocho personas en el mundo vive con algún trastorno mental, y la mayoría no recibe el tratamiento adecuado debido a la desinformación y al miedo al juicio social.
Este año, el foco también se ha puesto en la infancia y la adolescencia como etapas decisivas. La Organización Panamericana de la Salud advierte que la mitad de todos los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años, y uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años vive con una condición de salud mental. El suicidio continúa siendo una de las principales causas de mortalidad juvenil. En ese contexto, expertos como Ana María Salinas, directora del programa PCIT en Chile, insisten en que “la salud mental de los niños comienza en el vínculo con los adultos que los acompañan”El Mostrador.
Pero no solo los niños están en riesgo. Mujeres y jóvenes concentran la mayoría de los reportes de ayuda psicológica, especialmente en contextos de violencia familiar, rupturas o dificultades para manejar sus emociones. El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México ha atendido más de 245 mil casos desde 2019, y alerta sobre una vulnerabilidad de género persistente: mientras las mujeres enfrentan sobrecarga emocional, los hombres aún son juzgados por expresar lo que sienten.
El Día Mundial de la Salud Mental también nos invita a revisar los factores cotidianos que dañan el bienestar emocional sin que lo notemos: la sobreexigencia constante, las relaciones drenantes, el consumo excesivo de redes sociales, la falta de sueño y el hábito de reprimir emociones para “mantener la calma”. Cuidar la salud mental implica poner límites, descansar sin culpa, buscar ayuda profesional y entender que soltar lo que duele también es una forma de autocuidado.
En tiempos de crisis, el apoyo psicosocial no es un complemento: es un salvavidas. La OMS y la Federación Mundial para la Salud Mental llaman a los Estados a invertir en redes de contención, capacitar profesionales y garantizar el acceso a servicios de calidad. Porque nadie debería enfrentar el trauma solo. Porque hablar de salud mental no es debilidad: es valentía colectiva.