El Capitolio de los Estados Unidos ha vuelto a ser el escenario de una victoria estratégica para el presidente Donald J. Trump y la bancada republicana. Lo que los sectores de la izquierda radical pretendían convertir en un cierre de gobierno prolongado —similar al histórico bloqueo de 43 días iniciado en octubre— terminó desmoronándose en apenas 96 horas. Este nuevo fracaso de la oposición demócrata no solo asegura la continuidad operativa del Estado, sino que subraya la creciente fractura dentro de un Partido Demócrata que parece haber sustituido la gobernanza por un «odio político visceral».
Desde su incursión en la política en 2016, Donald Trump ha enfrentado una ofensiva sin precedentes por parte del establishment de Washington. El antes aclamado empresario pasó a ser el objetivo principal de lo que se denomina el «Estado Profundo», una élite burocrática que ha intentado frenar su agenda conservadora mediante una persecución judicial y política sistemática. A pesar de las decenas de cargos federales —muchos de ellos carentes de rigor legal y desestimados tras apelaciones— y de haber sobrevivido a tres intentos de asesinato, Trump ha logrado consolidar su mandato tras la aplastante victoria electoral de noviembre de 2024.
La reciente sentencia a cadena perpetua de Ryan Routh por el intento de magnicidio en Mar-a-Lago es solo un recordatorio del clima de violencia política que, según analistas conservadores, ha sido alimentado por la retórica incendiaria de la ultraizquierda y ciertos medios de comunicación. Esta atmósfera alcanzó su punto más trágico con el asesinato del líder cristiano Charlie Kirk en septiembre de 2025, un evento que marcó un antes y un después en la tolerancia social hacia el radicalismo progresista.
La crisis de ICE y el escándalo en Minnesota: Las cortinas de humo
El último intento de parálisis presupuestaria tuvo como eje central la desfinanciación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Los demócratas exigían reformas que, en la práctica, neutralizarían la capacidad de los agentes federales para realizar arrestos, una propuesta que los republicanos calificaron de absurda y peligrosa para la seguridad nacional.
Sin embargo, detrás de esta exigencia se escondía una maniobra de distracción: el masivo escándalo de corrupción en Minnesota. La investigación federal sobre el desvío de más de 9,000 millones de dólares en fondos de ayuda para niños, presuntamente destinados a organizaciones ligadas al terrorismo en Somalia, ha salpicado directamente al gobernador Tim Walz y a la representante Ilhan Omar. Ante el descalabro de su reputación, la izquierda intentó utilizar el presupuesto de ICE como una «cortina de humo» para desviar la atención de las pesquisas del FBI y el Departamento de Justicia.
Hacia la rendición de cuentas: Los Clinton y el factor internacional
El panorama para el liderazgo demócrata se complica con la reactivación del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes. La confirmación de que Bill y Hillary Clinton testificarán a finales de febrero sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein representa un hito en la búsqueda de transparencia. Bajo la premisa de que «nadie está por encima de la ley», el Congreso busca cerrar uno de los capítulos más oscuros de la política estadounidense contemporánea.
En el ámbito internacional, la administración Trump ha retomado una postura de «máxima presión» contra las dictaduras del Hemisferio Occidental. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido enfático al no descartar el uso de la fuerza para garantizar la seguridad nacional frente a los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esta postura contrasta radicalmente con la era de Obama y Biden, a quienes se acusa de haber otorgado «oxígeno» a las tiranías a través de diálogos estériles y concesiones que solo fortalecieron la represión en la región.
Un país en transformación
Con una aprobación ciudadana que, según encuestas, sitúa el respaldo a la gestión de Trump en un sólido 92% entre sus votantes, y un apoyo del 83% a la ley de transparencia electoral «SAVE America», el Partido Republicano avanza hacia las elecciones legislativas de noviembre con un mensaje de orden y soberanía. La decisión de una veintena de legisladores demócratas de unirse a los republicanos para aprobar el presupuesto es la señal definitiva de que el radicalismo está perdiendo terreno, incluso dentro de sus propias filas, frente a la pragmática visión de «America First».
Información de DLA

