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El diálogo entre Vasarely y el movimiento MADI en su 120 aniversario

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La Galería Esernyós celebra una efeméride doble que marca el pulso de la abstracción geométrica: el 120 aniversario del nacimiento de Victor Vasarely y los 80 años del movimiento MADI. La muestra VASARELY120 – El lenguaje del laberinto moderno es un viaje desde la construcción matemática del Op Art hasta la pulsación digital del siglo XXI, demostrando que el orden geométrico es, en realidad, una necesidad humana de equilibrio.

El movimiento MADI (Movimiento, Abstracción, Dimensión, Invención) nació con una premisa revolucionaria: la liberación de la forma. A través de un cortometraje introductorio de Carmelo Arden Quin, los visitantes comprenden cómo este colectivo rompió con el marco estático tradicional. En París, MADI y Vasarely convergieron, creando un puente entre la invención pura y el «arte programado».

La muestra reúne piezas que funcionan como instrumentos de experimentación óptica:

  • Paola Zorzi: Su obra es un experimento visual directo. Utilizando cuadrículas y lentes, Zorzi evoca el periodo en blanco y negro de Vasarely, transformando una estructura matemática simple en una superficie dinámica y pulsante.
  • Saxon Szász János: Fundador del Museo Móvil MADI, presenta la escalabilidad del «Poliuniverso». Sus cuadrados amarillos anidados no son solo estética; son una fórmula matemática que crea profundidad real.
  • Dagoberto Beccerit: Su «paisaje matemático» sobre fondo azul utiliza estructuras reticulares para jugar con la transparencia, permitiendo que las sombras se conviertan en parte de la composición.

El salto al siglo XXI: Del plexiglás al píxel

La Sociedad Electrográfica Húngara (MET) toma el relevo de Vasarely transformando su unite plastique (unidad plástica) en señales digitales. Lo que Vasarely comenzó pintando sobre láminas de plexiglás para crear movimiento, hoy evoluciona hacia animaciones 3D y algoritmos visuales.

La instalación de Gabriella Városi es el ejemplo perfecto: un «laboratorio analógico-digital» que muestra la evolución desde el dibujo geométrico manual hasta la génesis digital moderna.

La geometría como libertad

La obra de Ramóna Benkő cierra el arco intelectual de la muestra. Al eliminar el marco tradicional y jugar con ángulos agudos, Benkő rinde homenaje a los periodos Belle-Isle y Kristály-Gordes de Vasarely. Su uso de impresiones lenticulares —que cambian según el movimiento del observador— recupera la vibración visual de la famosa Zebra (1937), recordándonos que el arte geométrico no es estático: se completa solo con la participación activa de quien lo mira.