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Declaran el inicio de un fenómeno de El Niño «muy intenso» con potencial de batir récords históricos

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El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmaron de manera oficial el desarrollo formal del fenómeno climático de El Niño en el océano Pacífico tropical. Los modelos científicos más recientes advierten que esta fluctuación natural de vientos y temperaturas marinas se está fortaleciendo a un ritmo acelerado, proyectándose como una de las anomalías climáticas más severas documentadas en las últimas décadas.

Durante una conferencia de prensa organizada por el Acuario del Pacífico en Long Beach, California, el doctor Ariel Cohen, meteorólogo a cargo de la oficina del NWS para Los Ángeles y Oxnard, precisó los alcances del evento.

“Hay un 63% de probabilidades de que estemos ante un fenómeno de El Niño muy intenso entre noviembre y enero, que podría figurar entre los más grandes registrados históricamente desde 1950”, declaró Cohen, detallando que las altas temperaturas en la superficie del agua ya son plenamente perceptibles.

Alteración de la corriente en chorro y amenazas regionales

El Niño se caracteriza por un debilitamiento de los vientos alisios que habitualmente empujan las masas de agua caliente hacia el oeste del Pacífico. Al estancarse y expandirse el calor hacia las costas americanas, el fenómeno altera drásticamente el flujo de la corriente en chorro —la franja de aire que determina los patrones climáticos en el hemisferio norte— empujándola de forma inusual hacia las latitudes del sur.

Esta reconfiguración de la atmósfera proyecta un impacto geográfico sumamente dispar en territorio estadounidense:

  • Sequía en el Noroeste: En los estados noroccidentales de la costa del Pacífico y la zona norte de las montañas Rocosas, el cambio de la corriente generará un invierno notablemente más seco y cálido de lo habitual. Esto enciende las alarmas de las autoridades locales, dado que la región arrastra un déficit hídrico prolongado tras registrar temporadas de nevadas moderadas.
  • Inundaciones en el Sur: Por el contrario, en la franja sur de los Estados Unidos, la corriente redirigirá las tormentas procedentes del Pacífico, dando pie a un invierno extraordinariamente húmedo. El exceso de precipitaciones predispone de forma crítica a estas entidades ante riesgos de inundaciones urbanas, desbordamientos fluviales y severos deslizamientos de tierra.
  • Efecto en huracanes: En el plano meteorológico general, este patrón suele asociarse con una mayor frecuencia de ciclones tropicales en la cuenca del Pacífico y una reducción de la actividad de huracanes en el océano Atlántico debido al incremento de la cizalladura vertical del viento.
Ficha Técnica de Proyecciones: El Niño 
• Agencia Monitora:  Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) / NWS.
• Probabilidad:       63% de consolidarse como un evento "muy fuerte" (Noviembre - Enero).
• Criterio Térmico:  Temperaturas superficiales del mar superiores a 2°C por encima de la media.
• Precedentes "Super": Solo tres eventos equivalentes desde 1950 (1982-83, 1997-98 y 2015-16).
• Dinámica Atmosférica: Desplazamiento de la corriente en chorro hacia el sur continental.

Alertas en el ecosistema: Olas de calor consecutivas y peligro biológico

Más allá de los trastornos meteorológicos en tierra firme, los oceanógrafos centran sus preocupaciones en la salud de los ecosistemas marinos. Andrew Leising, investigador del Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste de la NOAA, informó que el Pacífico ya registra el impacto de dos grandes olas de calor marinas: una adyacente al litoral de California y otra concentrada en alta mar.

Aunque El Niño no actúa como el detonante directo de estas olas preexistentes, los modelos de la NOAA sugieren que este patrón veraniego elevará de forma drástica y sostenida las temperaturas oceánicas de cara al otoño. «Una de las cosas más importantes para los animales en el ecosistema no es necesariamente solo qué tan caliente está… sino cuánto tiempo están expuestos al calor», puntualizó Leising, advirtiendo sobre el peligro latente de encadenar olas de calor marinas de manera consecutiva.

Consecuencias biológicas de un océano abrasado

Los científicos prevén que la prolongación de estas altas temperaturas desate un efecto dominó sobre las redes alimentarias marinas y las actividades pesqueras comerciales:

  1. Colapso de la cadena alimentaria: El calentamiento del agua reduce drásticamente el afloramiento de nutrientes fríos, lo que provoca un declive masivo de plancton, la base alimenticia de cientos de especies.
  2. Marea roja y neurotoxinas: El entorno cálido estimula la proliferación de algas nocivas que liberan potentes neurotoxinas (como el ácido domoico), responsables de mortandades masivas de aves marinas, focas y leones marinos, además de forzar el cierre de pesquerías de cangrejo y calamar.
  3. Enredos de cetáceos: Al escasear el alimento en mar abierto, ballenas y otros mamíferos marinos se ven forzados a migrar muy cerca de la costa para alimentarse, incrementando de forma exponencial los enredos con aparejos de pesca comerciales y las colisiones con embarcaciones.
  4. Migraciones inusuales: Las corrientes cálidas desplazarán especies tropicales hacia el norte, propiciando avistamientos inusuales de tiburones mako, atún aleta amarilla, dorados y serpientes marinas en bahías californianas.

Pese al panorama adverso, Leising matizó que ciertas poblaciones logran beneficiarse de estas anomalías térmicas; las colonias de medusas registran incrementos demográficos exponenciales y los peces roca presentan una mayor tasa de supervivencia en su transición de la fase larvaria a la etapa juvenil. Sin embargo, el consenso científico recalca que el acoplamiento de El Niño sobre un océano globalmente precalentado por gases de efecto invernadero pondrá a prueba los límites de resiliencia de la biodiversidad en el litoral del Pacífico.