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La cumbre del G-7 en Évian cierra con un cauto optimismo sobre el alineamiento de Trump hacia Ucrania

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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, durante una cumbre del G7 en Evian-les-Bains, Francia (AP Foto/Vadim Ghirda)

A diferencia de su abrupta salida en la cumbre de Canadá hace un año, la permanencia del presidente estadounidense Donald Trump hasta el cierre de la cumbre del G-7 en Évian-les-Bains, Francia, ha sido interpretada por los líderes transatlánticos como una señal de progreso diplomático. El despliegue de hospitalidad del mandatario francés, Emmanuel Macron, que incluyó una cena oficial en el Palacio de Versalles, funcionó como el preámbulo para un avance significativo en la agenda internacional: la firma anticipada del acuerdo con Irán el pasado 17 de junio y una renovada atención hacia el conflicto en Europa del Este.

A pesar del escepticismo histórico de los gobiernos europeos respecto a la volatilidad de la política exterior de Washington, la cita de tres días concluyó con la percepción de que Estados Unidos podría mantener y reforzar su respaldo a Ucrania frente a la invasión rusa.

Consenso en Évian: Compromiso con Kiev y seguridad energética

Los líderes de las siete economías más industrializadas (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón) reafirmaron su «apoyo inquebrantable» a Kiev a través de una serie de compromisos estratégicos:

  • Reforzamiento de sanciones: Incremento de las restricciones económicas contra Moscú, con un foco específico en sus exportaciones de petróleo y gas.
  • Asistencia militar avanzada: Promesa de suministrar más sistemas de defensa aérea y capacidades de ataque de largo alcance.
  • Cooperación industrial: Evaluación de licencias para que Ucrania pueda fabricar armamento aliado directamente en su territorio.

El canciller alemán, Friedrich Merz, celebró el «nuevo tono» en las relaciones transatlánticas, mientras que la diplomacia francesa sugirió que la narrativa de una Ucrania con ventaja militar frente a Vladímir Putin empieza a consolidarse en la percepción de Trump.

El factor Irán y su impacto indirecto en el frente ruso

De acuerdo con el análisis de los diplomáticos europeos, el cauto optimismo de la cumbre se sustenta en los efectos colaterales del acuerdo alcanzado con Teherán. En términos macroeconómicos y estratégicos, este entendimiento busca tres objetivos clave:

  1. Permitir que la administración estadounidense redirija sus esfuerzos diplomáticos y logísticos hacia el conflicto en Ucrania.
  2. Aliviar la crisis energética global, facilitando que Europa adopte sanciones más severas contra los hidrocarburos rusos sin desestabilizar los mercados.
  3. Reducir los ingresos extraordinarios de Moscú —estimados previamente entre 5.000 y 6.000 millones de dólares mensuales debido a los altos precios del crudo—, debilitando la posición fiscal con la que el Kremlin financia la guerra.

A la par de estos movimientos, la percepción en Washington parece influenciada por los recientes éxitos tácticos de Kiev, como el ataque con drones del 18 de junio contra una refinería en el sureste de Moscú, y los elogios de altos mandos del Ejército estadounidense sobre la capacidad de integración tecnológica de las fuerzas ucranianas en el campo de batalla.

Contactos informales y el fantasma de la «Fórmula de Anclaje»

Aunque la paz no se vislumbra en el corto plazo, informes de The Economist señalan que se han reactivado las conversaciones informales con Rusia y los contactos diarios entre el equipo de Trump y el gobierno de Volodímir Zelenski. Entre las propuestas bajo discusión destaca un posible alto el fuego en dos fases, iniciando con la delimitación de una zona de exclusión de hostilidades de entre 50 y 70 kilómetros a ambos lados de la línea del frente.

Sin embargo, los obstáculos políticos siguen siendo complejos. Moscú mantiene su exigencia basada en la denominada «fórmula del anclaje» —un esquema supuestamente delineado en la cumbre bilateral de Alaska el verano pasado—, que demanda el reconocimiento legal de la anexión rusa del Donbás y Crimea, así como el control de facto de Zaporiyia y Jersón; condiciones que resultan inaceptables para Ucrania.

Analistas y funcionarios ucranianos advierten que el Kremlin podría intentar prolongar el conflicto hasta la primavera de manera estratégica, apostando por una intensa campaña invernal contra la infraestructura energética de Ucrania para forzar concesiones antes de que se formalice cualquier mesa de negociación definitiva.

Con información de Infobae