
En vísperas de su salida formal tras cuatro años y medio al frente de la estrategia analítica del organismo, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Pierre-Olivier Gourinchas, aseguró que la mundialización no ha llegado a su fin, sino que atraviesa una mutación estructural profunda. En una entrevista exclusiva con la agencia AFP, el funcionario francés señaló que el fenómeno global está resistiendo los embates combinados de la oleada proteccionista de la Administración de Donald Trump y las severas interrupciones logísticas derivadas de la guerra en Oriente Medio.
Las declaraciones de Gourinchas sirven como preámbulo a un momento crítico para los mercados: el FMI publicará el próximo 8 de julio su actualización de las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), un reporte que, adelantó, podría incluir revisiones a la baja debido a las dificultades en el aprovisionamiento de petróleo y el encarecimiento generalizado de la energía.
El auge de los «países conectores» frente al desacople de las potencias
Para el economista jefe del Fondo, las agresivas políticas arancelarias impuestas por la Casa Blanca no deben interpretarse como el acta de defunción del comercio internacional, sino como una reconfiguración drástica de las alianzas geopolíticas. «Lo que hemos presenciado es cómo la mundialización se transformó», argumentó, explicando que las corporaciones globales han demostrado una notable flexibilidad para esquivar las trabas aduaneras entre Washington y Pekín.
Este reordenamiento de los flujos comerciales ha abierto una ventana de oportunidad histórica para mercados emergentes capaces de actuar como puentes logísticos. Países como México y Vietnam han dado un paso al frente, adaptando sus cadenas de suministro y capturando los capitales que huyen de las restricciones directas de la Administración estadounidense.
La trampa de las economías emergentes y el desafío de la India
A pesar del optimismo inicial por el auge de la relocalización (nearshoring), Gourinchas encendió las alarmas sobre los límites de este modelo para el mundo en desarrollo. El gran peligro radica en el repliegue nacionalista e interno que están adoptando las economías avanzadas. Al cerrar sus fronteras comerciales con barreras arancelarias, el espacio disponible para que los mercados emergentes adopten un crecimiento basado puramente en la exportación —el exitoso esquema que catapultó a China en las últimas décadas— es cada vez más estrecho.
El dilema del crecimiento global: «Existe esta preocupación de que potencialmente se genere una trampa para muchas economías de mercados emergentes», advirtió Gourinchas. El funcionario citó el caso de la India, señalando que, bajo las reglas proteccionistas del tablero actual, no tiene en absoluto garantizado que pueda replicar los pasos de desarrollo industrial masivo que dio China, lo que obliga a los planificadores económicos de la región a repensar sus recetas de éxito hacia el consumo interno o la exportación de servicios de alto valor tecnológico.
