miércoles, julio 29, 2026
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Los «autonautas»: La increíble travesía de dos jóvenes que cruzaron el Atlántico a bordo de dos coches flotantes

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El 17 de agosto de 1999, la tripulación de un buque petrolero que navegaba por el océano Atlántico, a 1.200 kilómetros de las costas de Barbados, presenció una escena insólita: dos pequeños vehículos de turismo —un Volkswagen Passat y un Ford Taunus— flotaban a la deriva con dos jóvenes italianos sentados sobre sus techos.

Los navegantes eran Marco Amoretti (23 años) y Marco de Candia (21 años), quienes habían zarpado casi cuatro meses antes desde la isla de La Palma, en las Islas Canarias, impulsados por una promesa familiar y un reto técnico sin precedentes.

La herencia de un sueño paternal

La ambición de cruzar el océano en un automóvil adaptado nació décadas atrás de la mano de Giorgio Amoretti, un fotoperiodista, aventurero y activista social italiano conocido por sus viajes extravagantes y sus posturas radicales. Giorgio pasó años diseñando prototipos de «coches marítimos» rellenando carrocerías con espuma de poliuretano y añadiendo quillas metálicas.

Tras varios intentos fallidos en 1978 y 1988 por restricciones gubernamentales y falta de financiamiento, a Giorgio le diagnosticaron un cáncer terminal en noviembre de 1998. Ante la noticia, sus hijos —Marco, Mauro y Fabio— junto con su amigo Marco de Candia, decidieron materializar el proyecto de su padre antes de su fallecimiento.

Modificaciones y zarpada clandestina

Para evitar inspecciones de tráfico en Italia, los jóvenes modificaron dos coches de segunda mano en secreto, equipándolos con:

  • Flotabilidad y estructura: Relleno de espuma de poliuretano expansiva en las carrocerías, quillas metálicas de estabilización, mástiles improvisados para aprovechar el viento y un bote auxiliar en el techo para dormir.
  • Comunicaciones y energía: Teléfonos satelitales alimentados por pequeños paneles solares para mantener contacto con sus familias en tierra.

La madrugada del 4 de mayo de 1999, los cuatro tripulantes originales lanzaron los vehículos al mar desde el Faro de Fuencaliente, en La Palma. Sin embargo, tras 11 días dando vueltas a la deriva y sufriendo mareos severos, Mauro y Fabio Amoretti tuvieron que ser evacuados en helicóptero, dejando a Marco Amoretti y Marco de Candia solos en la travesía.

119 días de supervivencia en alta mar

El viaje, planificado inicialmente para durar 40 días, se extendió durante cuatro meses. Durante la navegación, los dos «autonautas» debieron enfrentar múltiples desafíos:

  • Pérdida de comunicación: A finales de mayo, las baterías solares sufrieron filtraciones de agua de mar, dejando a los navegantes incomunicados durante seis semanas. En Italia, coincidiendo con el silencio radial, Giorgio Amoretti falleció a causa de su enfermedad.
  • Peligros naturales: Los jóvenes debieron racionar provisiones, pescar plancton con medias de mujer para prevenir el escorbuto, realizar guardias de vigilancia tras el avistamiento de tiburones y resistir el embate directo de la tormenta tropical Emily a las puertas del Caribe.

Desembarco en el Caribe y legado

El 31 de agosto de 1999, tras 119 días de navegación y más de 4.000 kilómetros recorridos a través del Atlántico, Amoretti y De Candia tocaron tierra firme en Tartane, al este de la isla de Martinica, donde fueron recibidos por medios internacionales y multitudes locales.

La travesía de los «autonautas» quedó registrada como una de las hazañas de navegación artesanal más insólitas del siglo XX. Hoy en día, los diarios de a bordo de la expedición han sido publicados por Marco Amoretti como testimonio de una promesa cumplida que transformó un sueño de infancia en un hito de supervivencia marítima.

Con información de BBC Mundo