Con la conclusión de la Copa del Mundo 2026 y la coronación de España, el debate sobre el impacto del torneo en Estados Unidos se traslada al terreno financiero. Si la rentabilidad se mide estrictamente en términos contables —restando los costos de organización al beneficio directo generado—, la evidencia sugiere que el rendimiento macroeconómico estuvo lejos de cumplir con las proyecciones más optimistas.
Previo al torneo, los informes encargados por la FIFA estimaban que la organización requeriría una inversión de US$ 13.900 millones (con US$ 11.100 millones asumidos por EE. UU.) y proyectaban un retorno nacional de US$ 30.500 millones, junto a la creación de 185.000 puestos de trabajo. Sin embargo, los indicadores macroeconómicos oficiales de junio muestran un panorama sensiblemente más discreto.
La radiografía de los indicadores económicos
Los datos arrojados por los organismos de estadísticas reflejan un comportamiento atípico para un evento de escala global:
- Turismo estancado: Según la Oficina Nacional de Viajes y Turismo, el flujo de visitantes internacionales registró un modesto incremento interanual del 0,2 % en junio. Aunque el turismo procedente de África (13,8 %) y América del Sur (4,7 %) creció, las llegadas desde Europa cayeron un 1,2 % y las de Asia descendieron un 5,6 %.
- Sector servicios y empleo: El informe de empleo registró un descenso sorprendente de 61.000 puestos en la categoría de ocio y hostelería en junio, sumado a una pérdida de 5.000 empleos en el comercio minorista.
- Comportamiento de los precios: A diferencia de otros grandes eventos donde la inflación turística se dispara, las tarifas de los hoteles disminuyeron un 2,8 % a nivel nacional, los pasajes aéreos mostraron poca variación y el gasto en restaurantes subió apenas un 0,1 %.
En el ámbito local, los datos de la firma Fiserv revelaron que las pequeñas empresas de las ciudades anfitrionas incrementaron sus ventas un 4,1 % frente al 1,8 % de las metrópolis sin partidos. Destacó el caso de Boston, con una subida del 7,6 %, atribuido principalmente al consumo en el sector de bebidas y hostelería.
Expertos como Joe Brusuelas, economista jefe de RBS, señalan además que factores externos —como la incertidumbre energética derivada del conflicto en Oriente Medio— amortiguaron el consumo masivo en el mercado estadounidense.
Ganadores del modelo de negocio
Analistas coinciden en que la complejidad de medir el retorno real radica en aislar el impacto de la Copa del Mundo dentro de una economía de la escala de Estados Unidos, donde gran parte de la infraestructura de los estadios ya había sido financiada previamente por los contribuyentes para uso multiusos.
En el balance de beneficios tangibles, los actores corporativos y los entes organizadores obtuvieron la mayor tajada:
- La FIFA: Recaudó una cifra estimada de US$ 9.000 millones en taquilla global, adicionada a los US$ 1.100 millones ingresados por derechos de retransmisión en territorio estadounidense.
- Operadores de estadios y apuestas: Registraron altos volúmenes de facturación en venta de entradas y un flujo estimado de US$ 2.250 millones en apuestas deportivas.
El valor intangible: Integración y legado deportivo
A pesar de los cuestionamientos sobre su autofinanciación contable, sociólogos y gestores deportivos destacan que los megagrandes eventos generan retornos no monetarios significativos.
««Desde un punto de vista estrictamente financiero, hay muy pocas pruebas de que estos eventos se autofinancien, pero eso no quiere decir que no deban llevarse a cabo. Existen otros beneficios no económicos que justifican la experiencia pública»», explica Michael Edwards, profesor de gestión deportiva en la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
Entre los beneficios intangibles se identifican:
- Consolidación del fútbol: El torneo afianzó al fútbol como el cuarto deporte profesional más popular en Estados Unidos (por detrás del fútbol americano, el béisbol y el baloncesto), impulsando las estructuras del fútbol juvenil y de la Major League Soccer (MLS).
- Cohesión social: El evento sirvió como catalizador de encuentro comunitario y proyección internacional en las ciudades sede, reactivando la oferta cultural y hostelera en meses habitualmente considerados de temporada baja.
